¡Voto a!... ¡y qué vergüenza tenía yo!
Sin embargo, es necesario que le hable:
—Yolanda...
No me responde.
—¿Me tienes miedo?
—Sí.
—¿Quieres darme la mano?
—Sí.
—¿Dónde está?
—Aquí.
¡Voto a!... ¡y qué vergüenza tenía yo!
Sin embargo, es necesario que le hable:
—Yolanda...
No me responde.
—¿Me tienes miedo?
—Sí.
—¿Quieres darme la mano?
—Sí.
—¿Dónde está?
—Aquí.