—Catorce años y medio.

—¡Ah! entonces...—dice él riendo.

—Pero estaba muy crecida... completamente desarrollada en aquella época—replica ella vivamente.—No habrías comprometido tu dignidad haciéndome dar una vuelta o dos por la sala.

—¡Bueno! Las daremos dentro de quince días en la fiesta de los tiradores.

—¿De veras?—pregunta ella con los ojos brillantes.

—Martín es uno de los jefes de la corporación de los tiradores; necesariamente ha de ir allá.

Gertrudis lanza un grito de alegría; después, de repente, exclama:

—Pero no tengo zapatos de baile.

—Mándalos hacer.

—¡Ah! ¡Son tan pesados los que hace el zapatero de la aldea!