La conversación termina de pronto.
XV
En el emparrado, Martín recibe a Gertrudis con reproches afectuosos: tiene un hambre de lobo y la cena no está servida todavía. Gertrudis se dirige apresuradamente a la cocina.
Cenan en silencio. Los dos jóvenes no alzan los ojos del plato.
Un calor sofocante, intolerable, pesa sobre la tierra. Un viento caliginoso levanta pequeñas nubes de polvo; velos de vapor azulado descienden lentamente sobre el suelo.
Juan apoya la cabeza en los vidrios de la galería; pero están calientes como si hubiesen permanecido todo el día en un horno.
De pronto, Gertrudis se levanta.
—¿Adónde vas?—pregunta Martín.
—Al huerto—responde ella.
Un momento después se oyen sus pasos en la escalera que conduce a la buhardilla.