Construida sobre una de las barrancas gredosas que rodean la playa de Etretat en semicírculo pintoresco, este chalet blanco domina el mar, y hacia el otro lado, el jardín, de verdes campos sembrados de flores, desciende en suave pendiente, flanqueando una amplia alameda, hasta la carretera de Bennville.

Durante la estación de baños, Etretat es una estación encantadora. María Teresa encontraba allí numerosos amigos; además, Diana y Bertrán Gardanne, sus primos, pasaban allí también sus vacaciones. Toda esta brillante juventud llevaba a la casa de campo de los Aubry, una vida alegre y feliz.

Algunas semanas después de su llegada, reinaba gran animación en el jardín. Jugando el tennis, Bertrán, en un match con el campeón invencible Roberto Milk, se dejaba batir vergonzosamente por la Inglaterra, ante los ojos atentos de su amigo d'Ornay, experto jugador, quien, furioso, le dirigía vivas recriminaciones.

María Teresa, Diana, Mabel d'Ornay, Alicia y Juana de Blandieres, conversaban en la terraza, reclinadas en rocking-chairs.

—¿No ha hecho usted prevenir a Max Platel que hoy nos reuníamos aquí, por la tarde, María Teresa?—preguntó con aire ansioso la linda Mabel d'Ornay.

—Tranquilícese usted, Mabel—se apresuró a contestar la burlona Diana;—ha sido prevenido por orden mía. ¡Qué extraña idea tiene usted de nuestra manera de comprender los deberes para con los huéspedes, para suponer que María Teresa y yo no trataríamos de procurar a nuestras amigas el mayor placer posible! Y como Max Platel constituye el atractivo de la playa, por el momento a lo menos, sería preciso ser muy ignorante o muy culpable para no servirlo con el té, los muffins y los bombones a la violeta.

—¿Por qué esa correlación?—preguntó Alicia de Blandieres.—¿Acaso Max Platel es un literato a la violeta?

—¿Max Platel?... es un amigo excelente—interrumpió María Teresa.

—¡Oh!—exclamó Diana—¡para mi prima todas las personas que recibe son sagradas, no es permitido tocarlas, ni aun con rosas sin espinas! Pero se puede ser un amigo excelente y hacer mala literatura: son cosas que no tienen nada de incompatible.

—¿Encuentras que es malo lo que escribe? ¡Pues no se creería, porque no le escatimas las felicitaciones!