—¿El corazón? ¿a propósito de qué dice usted eso? El placer de la vista me basta por el momento...
—Naturalmente...
—¿Qué significa ese excéptico: naturalmente?
—Nada, en verdad.
—Me alegro.
Pero él añadió, a pesar suyo, con tono irónico, despechado por la serenidad del lindo rostro de su amiga:
—Sería mal hecho de mi parte turbar esta alegre fiesta... ¿Qué quiere usted? estas partidas en comparsa siempre me han parecido odiosas, salvo que no disimulen...
—¿Disimulen qué?
—¡Qué sé yo! algún encuentro sentimental; el placer de codearse durante largas horas con el que o la que se ama, el permitirse una libertad de lenguaje que no se podría usar en otra parte.
—¡Perverso! se refiere usted a la señora d'Ornay y a Platel...