[153] Bubastis es la moderna Aziot; Busiris se llama ahora Bahabeit; Heliópolis es la On de la Biblia, llamada hoy Aiu Kesus. Butona y Sais estaban dentro del Delta, la primera vecina a Samanuo y la segunda a Roseta. En cuanto a Papremis, se ignora su situación.

[154] Mígalas son al parecer lo mismo que musarañas.

[155] Las recientes observaciones confirman casi todo cuanto dice Heródoto acerca del cocodrilo. En cuanto a su larga inedia, rara vez se le encuentra en el vientre comida alguna: en el río de Santo Domingo en América, amánsase hasta tal punto que juegan con él los muchachos; los árabes del alto Egipto consideran su carne como un plato regalado, y los indios lo prenden casi del mismo modo que los egipcios. Los dientes del cocodrilo son un excelente contraveneno.

[156] De esta especie de cerastas sin veneno, o sierpes domésticas, las había, según Luciano, en Pella de Macedonia, y las hay en el reino de Juida, donde tienen templos y sacerdotes.

[157] Tales quizá serían las serpientes que envió Dios a los israelitas en las costas del mar Rojo.

[158] En esto se engaña Heródoto, pues hay viñas en algunos parajes del Egipto.

[159] Según Luciano, era una momia, y no una estatua, la que se introducía en los convites.

[160] Estas ceremonias son los misterios de Dioniso y otros que Orfeo comunicó a los tracios.

[161] Desde la creación se contaron los días por semanas, dándose a cada día el nombre de alguno de los planetas, que más tarde fueron divinizados por esta razón, creyéndolos árbitros de las cosas humanas. Los egipcios, además de esto, dividían las 24 horas del día entre los planetas, poniéndolas bajo su jurisdicción.

[162] Esta maniobra puede leerse más circunstanciada en Diodoro de Sicilia, donde el principal embalsamador señala el lugar de la incisura: el incisor abre el vientre del cadáver y echa luego a correr entre las maldiciones y piedras que le tiran los circunstantes, y el salador practica lo que dice Heródoto.