[193] Ninguno de los dos soberanos logró sepultura en sus monumentos en pena de su soberbia. Las obras públicas hechas para defensa o para beneficio común, eternizan la veneración de sus autores en la grata memoria de la posteridad.

[194] Difícil fuera decidir cuál es más absurda, si la respuesta del oráculo o la resolución tomada por Micerino.

[195] Pletro es una medida griega de 100 pies.

[196] Diodoro cuenta entre Micerino y Asiquis otro rey, que es probablemente el mismo que Asiquis, llamado Bocoris el sabio, quien a pesar de su prudencia incurrió en la tacha de avaro y de impío, porque quiso que el dios Muevis, toro sagrado, pelease con otro toro. Preso por el etíope Sabacón, fue quemado vivo por su orden. Plutarco menciona otro rey con el nombre de Gnefacto o de Techatis, al cual otros llaman Necocabis, padre de Bocoris.

[197] Este remedio no podía ser más seguro y eficaz, atendidas las creencias y usos de Egipto, pero era inhumano, no perdonando a los muertos para asegurar la correspondencia entre los vivos.

[198] Créese que esta ciudad es la Chanes o Hanes de Isaías, confinante con la Etiopía.

[199] Es probable que los tres príncipes Bocoris, Anisis y Neco, de quien se hablará más adelante, reinasen en tres provincias diferentes, cuando fueron destronados por el conquistador Sabacón, quien parece el mismo que Sua, citado en el lib. IV de los Reyes.

[200] El número de 700 debe corregirse en el de 300 años que trascurrieron desde Sua, contemporáneo del rey Oseas, hasta Amintes en el reinado de Artajerjes Longimano.

[201] Estos árabes no eran los ismaelitas, sino los de la Arabia Pétrea, los idumeos y otros tributarios de la Asiria, pues las tribus árabes permanecieron siempre libres e independientes, según la promesa hecha por Dios en el Génesis a la posteridad de Ismael.

[202] No se ha averiguado si Taraca, rey de Egipto, que salió contra Senaquerib, citado en el libro 4.º de los Reyes, es el Setón de Heródoto; pero no veo por qué el exterminio de los asirios por un ángel, según la Escritura, deba explicarse por la visión verdadera o supuesta de Setón, pues lo primero es de fe divina, y lo segundo una de las historias de Heródoto.