[213] La piratería fue una profesión antiquísima en los mares de Grecia y del Asia menor, ni se reputaba infame, según el testimonio de Tucídides, quien la atribuye, parte a la oportunidad del mar, parte a la pobreza de los habitantes, parte a la independencia de aquellos pequeños estados, de la cual nacía la impunidad de los corsarios.

[214] La batalla parece que se dio cerca de Menfis, en la cual algunos reyes quedaron muertos, y otros se refugiaron dentro del África.

[215] Este toro y dios Apis de los menfitas no debe confundirse con el toro y dios Mueris de los de Heliópolis, a cuya imitación los israelitas fabricaron su becerro en el desierto.

[216] Parece que el favor de este rey hacia los griegos a quienes debía en parte la corona, indispuso no poco el ánimo de los nacionales para con su soberano, de cuyo servicio desertaron de una vez en gran número, según se dijo en el [pár. XXX de este libro]. Este descontento obligó más a Psamético a unirse con los extraños, haciendo alianza con los atenienses y con otros griegos.

[217] En las ruinas de Egipto se ven todavía techos grandes de una sola pieza.

[218] Es extraño que ignore el autor las grandes islas flotantes cerca de Orcómeno, ciudad de Beocia, que después describió Teofrasto, y otras de que Plinio y Séneca dieron noticia. En el río Formoso en el reino de Benín, según el abate Marcy, se ven no pocas islas flotantes, pobladas de cañas y arbustos. En cuanto a la historia de la isla de Quemis, parece trasladada por los griegos a la de Delos, mudados solo los nombres; a no ser que los egipcios con el comercio de los griegos adoptasen también sus fábulas.

[219] Conservo los nombres griegos, a los cuales en latín corresponden: a Artemisa, Diana; a Dioniso, Baco; a Deméter, Ceres.

[220] Dícese de este rey, además, que envió a buscar las fuentes del Nilo, que hizo en dos niños la experiencia referida en el segundo párrafo de este libro, y que conjuró a fuerza de regalos la tempestad que le amenazaba con la invasión de los escitas.

[221] Este canal regio, del cual Aristóteles hace inverosímilmente primer actor a Sesostris, y Diodoro y Heródoto a Neco, fue llevado a cabo por Darío, y no, según pretende Diodoro, por Ptolomeo Filadelfo, tantos años posterior a nuestro autor, si bien este monarca fabricó una exclusa con sus puertas para subir y bajar el agua, a fin de que el mar Rojo, más elevado que el Egipto, como se decía, no inundase el país. En la incertidumbre que reina acerca del curso del canal, parece lo más probable que se tomó el agua desde el brazo bubástico del Nilo cerca de Facusa, y tirando hacia al monte vecino de la Arabia, y torciendo al pie de él su dirección, seguía hasta entrar en el golfo Arábigo cerca de la ciudad de Patumo, que se duda si será la Phitom del Éxodo, después Heopolis.

[222] Por el libro IV de los Reyes sabemos, con más puntualidad, que Faraón Necao venció a los judíos cerca de Mageddo; que en Rebla de Siria prendió al rey Joacaz, llevándole cautivo a Egipto; que nombró a Joaquín rey de Jerusalén, aunque no consta que tomase a fuerza de armas esta ciudad, que será acaso la Caditis de Heródoto. Venció también Neco a los asirios, y se apoderó de Carcamis sobre el Éufrates; pero vencido poco después por Nabucodonosor, perdió sus conquistas, y murió 600 años antes de Jesucristo.