[243] Parece que Heródoto fue mal informado acerca de la prosperidad del reinado de Amasis, pues mal conviene su narración con las predicciones de los profetas, con el saqueo de Nabucodonosor, y con la de Jenofonte de que Ciro, contra quien Amasis se había coligado con Creso, se apoderó del Egipto.
[244] Es más verosímil que la expedición de este rey contra el Egipto fuese motivada por la sublevación de Amasis, antes feudatario de la Persia, o por haber conquistado Ciro el Egipto, o por ser este país desde Nabucodonosor dependencia del imperio babilonio.
[245] No obstante estas dos razones, de las cuales una estriba en la suposición arbitraria de que un monarca persa no pudiera contraer matrimonio legítimo con una princesa extranjera, y la otra nada prueba porque se responde por la cuestión, se ve en Ateneo que dos historiadores de mérito, Dinón y Linceas, hacen a Cambises hijo de Nitetis.
[246] Esta raza de gente, más astuta y fiel en palacio que intrépida y avisada en las expediciones de guerra, era reputada, según Jenofonte, en las cortes bárbaras, por la más apta y adicta al servicio de los soberanos, de cuyo favor únicamente dependía, viéndose despreciada y aborrecida de los demás hombres.
[247] Las dos ciudades de Caditis y Yeniso, de que no habla ninguno de los autores antiguos, oscurecen la descripción geográfica de un terreno exactamente conocido, cual es la Siria palestina o costa de los filisteos, que empieza desde la Fenicia y continuaba hasta Egipto siguiendo de norte a mediodía. Tal vez será Caditis no Jerusalén, sino la Gat de los filisteos, y Yeniso será Rafia, distante tres jornadas del monte Casio. Los emporios que cita eran los varios puertos de la Pentápolis de los filisteos.
[248] Da el nombre de Siria al desierto que cae entre el Egipto y la Idumea, confinante con la tribu de Judá, comprendiendo bajo aquel nombre el mencionado camino de tres jornadas.
[249] Era este árabe un príncipe idumeo, reinante en la Arabia Pétrea. Los idumeos descendientes de Esaú, vasallos antes del reino de Judá, gobernados por una especie de virrey y después de siglo y medio sublevados, se mantuvieron independientes, y en tiempo de la cautividad babilónica se hicieron tan poderosos, que si creemos a Heródoto, tenían bajo su dominio los puertos y emporios de los filisteos, sin reconocer por dueños a los persas, que lo eran ya de Babilonia. La fe en los tratados era ciertamente una de sus virtudes características.
[250] Por su Dioniso entendían el sol, por Urania la luna. El estado de ignorancia en que estaban sumidos los árabes no me permite detenerme en sus dioses planetarios y en los que colocaban en las estrellas fijas, en sus ángeles medianeros, y en su magia y sabianismo.
[251] En el bajo Egipto suele muchas veces llover en invierno y alguna vez nevar. En el alto Egipto, en especial cerca de las cataratas, es extraordinaria, aunque no cosa nunca vista, una lluvia seguida y continua, que es lo que significa el texto; pues en cuanto al rocío, es allí copioso cuando baja crecido el Nilo.
[252] Polieno dice que los egipcios que estaban de guarnición en la fuerte plaza de Pelusio, dieron paso a los persas por no hacer daño a una gran tropa de perros y gatos y otros animales tenidos en Egipto por sagrados, que Cambises hacía marchar al frente de sus tropas.