[263] Jenofonte llama a este príncipe Tanasxares, y Justino, Mergis, variación muy usada en los nombres de los príncipes bárbaros, nacida entre los griegos y latinos de la diversidad de su lengua con la de los orientales. Estos fratricidios de príncipes reales, fundados en la máxima de Séneca, non capit regnum duos, eran entre los bárbaros muy frecuentes, hasta que el cristianismo y su civilización vinieren a destruirlos.

[264] Esta hermana a quien mató Cambises en Egipto, se llamaba Méroe, y su hermana mayor, y mujer también suya, era Atosa. El ejemplo de Cambises abrió la puerta a todo género de incesto entre los persas, que cerrando los ojos al horror de la naturaleza y al grito de la razón, no reconocían parentesco alguno, aun en primer grado, que les impidiera el matrimonio.

[265] Estos consejeros de Estado, en número de siete, parece que seguían siempre a la corte y al soberano, si bien algunos más residirían quizá ya en una, ya en otra provincia del imperio, según la urgencia de los negocios. El despotismo de los monarcas y la arbitrariedad de los sátrapas no debía permitir en los jueces tribunales que Jenofonte nos pinta en su Ciropedia, menos según la realidad que según lo que debía ser.

[266] No es posible sacar a estos dioses del caos de la mitología, ni dar razón de su nombre, procedencia y número, a menos que se les tome por compañeros de Hefesto, padre de los herreros, venidos de Fenicia a varios lugares de la Grecia.

[267] La isla de Samos, separada del Asia menor por un estrecho de mil pasos de ancho, situada entre el grado 38 y 39 de latitud, y de unas 87 millas de circuito, poblada desde el principio por Macareo, hijo de Eolo, ocupada después por los carios, y conquistada por los jonios en tiempo de Roboam, fue una de las más célebres de Grecia. Su gobierno sería antiguamente monárquico, pues se hace memoria no solo de Macareo, Tembrio y Procles, antiguos posesores de la isla, sino también del rey Anfícrates, anterior a la edad de Cambises. Prevaleció después la democracia en tiempo de Creso y de Ciro, de quienes nunca fueron vasallos los samios, muy poderosos por mar y opulentos comerciantes; pero a la democracia sucedió la oligarquía de los geómoros, o de algunos nobles que repartiéndose los campos gobernaron la isla con una especie de Senado, hasta que fueron todos degollados por el pueblo; el cual no recobró su libertad sino para recaer en manos del general Silosonte, y poco después de la muerte de este, en las de Eaces, quien dejó el mando a su hijo Polícrates, 531 años antes de Jesucristo.

[268] Si no es este realmente el ejemplar de la carta de Amasis, o un extracto del discurso de Solón con Creso, está en ella perfectamente imitada la simplicidad majestuosa de los antiguos soberanos. Sus máximas, aunque fundadas en los errores del fatalismo y de la envidia que se atribuye a los dioses, podrán ser ciertas aplicándolas a la infalibilidad con que se cumplen los divinos decretos, una vez previstos, pero no violentados los actos de nuestro libre albedrío, y a la insolencia injuriosa, compañera de una larga prosperidad, con que suele obcecar a los príncipes la justicia divina.

[269] Polícrates conservaba al parecer, contra lo que sucede generalmente, aquella afectación de familiaridad con el pueblo, aquella afabilidad y bizarría en convites y en servicios que le habían conducido al mando, ganándole el aura popular.

[270] Véase [lib I, pár. LXX].

[271] Concuerda Plinio con Heródoto en la descripción de este peto y de la lana de que era formado, producto del arbusto del algodón que se cría en los confines del Egipto con la Arabia; pero no acierta en atribuir a Alejandría el primer uso de las telas de hilos de varios colores, conocidas ya desde José, hijo de Jacob, y a Átalo la invención del brocado o tela entretejida con hilos de oro, que vemos usados ya en el peto de Amasis.

[272] Los asirios y babilonios fueron verosímilmente los primeros autores del eunuquismo, pues antes de los persas lo vemos ya usado en los palacios lidios y medos: barbarie cruel y afeminación indigna que se imita escandalosamente en Italia para dar buenas voces a los conciertos y teatros.