[303] El principio de reconocer un espíritu próvido que dirija el universo es exactísimo y universalmente reconocido, salvo por los epicúreos, aunque sean apócrifos todos estos fenómenos naturales y maravillosos partos de la víbora y la leona, que cita en su apoyo.

[304] De estas ovejas de disforme cola que existen en África todavía, según he leído, habla Plinio, como también de la droga del ládano, que no es la única en adquirir aprecio y estimación a pesar de su vil origen, pues otro tanto sucede con la piedra bezar que se cría en los intestinos del pasán, especie de cabrón de Golcenda.

[305] Ciertamente el África occidental, llamada aquí Etiopía, es abundante en oro y grandes bestias; pero sus negros no son por lo común tan altos y gallardos como supone.

[306] Esta confusa noticia sin duda nace de los fenicios, que dirían que el electro venía del norte, donde lo arrojaba al mar un río que llamaban Rodaune, nombre que los griegos convertirían en Erídano.

[307] De ellos volverá a hablar Heródoto en el libro IV. La abundancia de oro que supone en el norte de Europa es fabulosa.

[308] Nada puedo encontrar en ninguno de los viajeros acerca de este río ni de cuanto le pertenece. Si los corasmios, cuyo asiento no se sabe fijamente, no se colocaran comúnmente en los confines de la Partia, se sospechara que el país descrito es el de Cachemira, al norte del Indostán, que se cree fuese antes un lago encerrado entre montes, y desaguado por una quebrada abierta a ruegos de Kacheb, según los indios, o por la violencia de algún terremoto.

[309] No es verosímil que Intafrenes, si algo maquinaba, hubiese dado aquel paso tan falso que le imposibilitaba encubrirse por más tiempo; más bien que víctima de su conjuración doméstica, lo fue de la venganza de Darío.

[310] Se ignora si Heródoto imitó a Sófocles en este pasaje, o si el último en su Antígona imitó al historiador. En Luciano se lee una máxima semejante, en que un escita saca del incendio a un amigo con preferencia a su mujer y a sus hijos.

[311] Era esta la tercera satrapía, situada en la Bitinia, en las costas del Helesponto.

[312] Vivía Anacreonte en los reinados de Ciro, Cambises y Darío.