[313] Entre el tiempo en que Minos tuvo el imperio del mar de Grecia, y aquel en que vivió Polícrates, hubo muchos pueblos que mantuvieron el dominio naval.
[314] Este era el nombre propio del templo de Hera, en Samos.
[315] Debe entender el autor por tiranos de Siracusa a Gelón y a Hierón el Viejo, célebres por sus virtudes y amor a las artes. En cuanto al juicio sobre Polícrates, no se dude de su talento superior, de su magnificencia y protección a Pitágoras y a Anacreonte; de su humanidad para con los samios, y de su violencia para con los extraños se habla con mucha diversidad. Acerca de su muerte, feneció quizá desollado vivo, o cortada la cabeza y puesto en un palo, que eran los más crueles suplicios entre los persas.
[316] Los persas fueron los autores de la economía y orden político de una vasta monarquía distribuida en varias provincias, sin que entre ellos hubiera unas de dominio real y otras de dominio feudatario, sino que todas eran otros tantos reinos subalternos bajo el gobierno de su sátrapa dependiente del emperador, forma que aún se observa en algunas provincias de Persia en que dura todavía el empleo citado de secretario de oficio, a quien dan el nombre de vakanavisch.
[317] Sin disputar a Democedes su riqueza, no creo que contando el talento por mil escudos, le diera Egina los mil, Atenas más de mil setecientos escudos, y Polícrates dos mil, pues no era entonces en Grecia tan abundante la moneda.
[318] Esta razón, tomada acaso por el autor de Demócrito, su contemporáneo, aunque harto material a primera vista, se explica perfectamente, en cuanto maleado el instrumento del sentido, no puede el alma inmortal usar de toda la eficacia y gallardía del espíritu. Respecto al discurso entero, se ve que Heródoto creía a los médicos no solo discretos en la elocuencia familiar, sino aun sofistas, maestros de ella en los palacios.
[319] Las fuerzas prodigiosas de este atleta crotoniata, o Sansón profano, se leen en mil autores.
[320] La Yapigia o Messania es la península de Calabria, cuyo istmo está entre Brindis y Tarento. El mismo Gilo, libertador de los persas, fue probablemente quien rescató a Pitágoras, cautivo de Cambises.
[321] Esta respuesta, más insolente que libre, muestra que al mando puede aplicarse el proverbio «lupum manibus tenes», siendo más peligroso el soltarlo que molesto el retenerlo.
[322] En este pasaje he tenido que valerme de las palabras modernas aparador, vajilla, repostería, para expresar el lujo antiguo, que se reducía por lo común a vasos preciosos de oro con varios emblemas y colores.