[51] No sabemos si la salida de los Tindáridas, es decir, Cástor y Pólux, que de reyes de Lacedemonia subieron a semidioses, era solamente imaginaria, creyendo los espartanos que solemnemente invocados aquellos acompañaban y protegían a sus reyes sin dejarse ver, o si eran los Tindáridas dos ídolos que podían quedarse o salir a campaña. Esta explicación es más clara y mejor, por más pagana y supersticiosa.

[52] Así se llama el estrecho de Eubea, hoy día Negroponte; isla que con un corto puente está unida al continente.

[53] Quiérese que Polifemo significase aquí la asamblea del pueblo, según el modo de hablar ambiguo y tortuoso del mentido Apolo.

[54] Egina, hija de Asopo, rey de Beocia, casó con Áctor, rey de Enone, isla que después trocó su nombre en el de Egina. Fue Egina madre de Éaco, rey justísimo, que floreció dos generaciones antes de la guerra de Troya. Acerca de los Eácidas que los de Egina prometieron a los beocios, me refiero a lo mismo que en la [nota correspondiente al párrafo LXXV de este libro] dije de los Tindáridas, persuadiendo además que eran ídolos las naves y los diputados que se destinaban a llevarlos.

[55] Estas diosas corresponden a Deméter y Perséfone, abogadas para los frutos de la tierra, a quienes se dieron otros varios nombres; a Deméter el de Madre, de Damia y el Dea Bona entre los romanos, y a Perséfone el de Talo y el de Libera. Los sacrificios secretos que abajo se mencionan, confirman la identidad de Damia con Deméter.

[56] Con este nombre de Presidente o Patrona era venerada entre otros pueblos, y de esta clase sería la estatua que dedicó Cicerón en el Capitolio antes de marchar al destierro, con la inscripción: Minervæ Custodi Urbis.

[57] No hallo la época fija de esta sublevación, que debió ser anterior a la edad de Solón y de Pisístrato. Esta guerra, engendrada en los eginetas por el orgullo del poder, coincidiría con el tiempo del egineta Sóstrato, cuya opulencia nos pondera el autor en el libro IV, pár. CLII.

[58] Algunos han convertido en agujas las hebillas de las atenienses; pero ni el texto ni el conocimiento de trajes antiguos consiente tal versión. Las mujeres dóricas no usaban túnica ni cinto; únicamente se cubrían con un largo manto atado sobre los hombros con una hebilla: las jonias vestían túnicas al cuerpo.

[59] Un dogma inconcuso debe deducirse de la historia, a saber: que ninguna nación civilizada vivió sin Dios y sin revelación, por más que adulterase culpablemente estas dos ideas fundamentales de toda sociedad ordenada, y por más que se esfuercen los filósofos en forjar un cuerpo civil tan ateo como ellos mismos. De ahí provino que los oráculos en Grecia y los libros sibilinos en Roma fuesen tenidos en tanta estima.

[60] Se ve que el resorte de Esparta en sus resoluciones no era otro que el de mantener abatidos a los otros griegos para darles la ley.