424 «¡Telémaco! No te afrenta el huésped que está en tu palacio: ni erré el blanco, ni me costó gran fatiga armar el arco; mis fuerzas están íntegras todavía, no cual los pretendientes, menospreciándome, me lo echaban á la cara. Pero ya es hora de aprestar la cena á los aqueos, mientras hay luz; para que después se deleiten de otro modo, con el canto y la cítara, que son los ornamentos del banquete.»
431 Dijo, é hizo con las cejas una señal. Y Telémaco, el caro hijo del divinal Ulises, ciñó la aguda espada, asió su lanza y, armado de reluciente bronce, se puso en pie al lado de la silla, junto á su padre.
Ulises, valiéndose del arco, mata á los pretendientes de Penélope
CANTO XXII
MATANZA DE LOS PRETENDIENTES
1 Á la hora desnudóse de sus harapos el ingenioso Ulises, saltó al grande umbral con el arco y la aljaba repleta de veloces flechas y, derramándolas delante de sus pies, habló de esta guisa á los pretendientes:
5 «Ya este certamen fatigoso está acabado; ahora apuntaré á otro blanco adonde jamás tiró varón alguno, y he de ver si lo acierto por concederme tal gloria el dios Apolo.»