Mercurio (Ἑρμείας y Ἑρμῆς): Dios, hijo de Júpiter y de Maya. Enviáronlo los dioses á Egisto para que éste no matara á Agamenón ni pretendiera á su esposa, [I, 37 á 43]; Minerva pide á Júpiter que Mercurio vaya á la isla Ogigia, á fin de que Calipso deje partir á Ulises, [I, 84 á 87]; manda Júpiter á Mercurio que vaya á decirle á Calipso la resolución tomada por los dioses de que Ulises vuelva á su patria, y Mercurio ata á sus pies los talares, llega á Ogigia, pone en conocimiento de la ninfa la resolución de las deidades y le aconseja que despida al héroe y no se atraiga el enojo de Júpiter, [V, 28 á 148]; Ulises se acomoda en la silla de donde se había levantado Mercurio, [V, 195 y 196]; cuando Vulcano llamó á los dioses, al sorprender en flagrante adulterio á Marte y Venus, presentóse Mercurio y, como Apolo le dijera si le gustaría estar en el puesto de Marte, contestó que sí, aunque los contemplaran todas las deidades, [VIII, 322, 323], [334 á 342]; cuando Ulises se encaminaba al palacio de Circe, le salió al encuentro Mercurio y le dió una planta llamada moly para que aquélla no pudiese encantarlo, [X, 275 á 307]; Mercurio y Minerva guiaron á Hércules cuando el héroe se llevó del Orco el can Cerbero, [XI, 626]; Mercurio refirió á Calipso que Júpiter había prometido al Sol hacer pedazos la nave de Ulises para castigar á los compañeros del mismo, [XII, 390]; Eumeo, en la comida que da á Ulises transfigurado en mendigo, ofrece una de las porciones á Mercurio, [XIV, 435]; dice Ulises, todavía transfigurado en mendigo, que, gracias á Mercurio, nadie rivalizaría con él en servir como criado, [XV, 319 á 324]; llámase cerro de Mercurio (Ἕρμαιος λόφος) una eminencia que hay junto á la ciudad de Ítaca, [XVI, 471]; Mercurio concedió á Autólico que descollara sobre los hombres en hurtar y jurar, [XIX, 395 á 397]; después de la matanza de los pretendientes, Mercurio, con la áurea vara en la mano, guía hacia el Orco las almas de los mismos, [XXIV, 1 á 10].

Mermérida (Μερμερίδης): Hijo de Mérmero. Nombre patronímico de Ilo, [I, 259].

Mesaulio (Μεσαύλιος): Siervo comprado por Eumeo con sus propios recursos, [XIV, 449, 455].

Mesena (Μεσσήνη): Ciudad de Lacedemonia, donde habitaba Orsíloco. Allí se encontraron Ulises é Ífito, [XXI, 15].

Micenas (Μυκήνη): Ciudad de Argólide; capital del reino de Agamenón, [III, 305]; [XXI, 108].

Micene (Μυκήνη): Hija de Ínaco, [II, 120].

Mimante (Μίμας): Monte de Jonia, [III, 172].

Minerva (Ἀθήνη y Ἀθηναίη): Diosa, hija de Júpiter. En el concilio de los dioses se queja de que Ulises esté detenido por Calipso en la isla Ogigia; y propone que Mercurio vaya á decir á la ninfa que deje en libertad al héroe, mientras ella desciende á Ítaca y acompaña á Telémaco en un viaje á Pilos y á Esparta, [I, 44 á 62], [80 á 95]; desciende á Ítaca, transfigurada en Mentes, es acogida por Telémaco y, después de asegurar que Ulises vive y volverá, exhorta á su hijo á que convoque en el ágora á los ciudadanos, intime á los pretendientes que salgan del palacio y haga un viaje á Pilos y á Esparta, [I, 96 á 319], [444]; deparó á los aqueos una vuelta deplorable cuando regresaron de Troya, [I, 326 y 327]; difunde dulce sueño en los ojos de Penélope, que llora por Ulises, [I, 363 y 364]; circunda á Telémaco de gracia divinal, [II, 12]; por ella, según Antímaco, es Penélope diestra en primorosas labores, inteligente y astuta, [II, 116 á 118]; invocada por Telémaco, se le aparece debajo la figura de Méntor, le aconseja que prepare los víveres para el viaje y le promete que le buscará una nave y compañeros, [II, 260 á 296]; tomando la figura de Telémaco, pide una nave á Noemón, junta los marineros, encamínase al palacio de Ulises, infunde dulce sueño á los pretendientes, llama á Telémaco y se va con él á la embarcación, [II, 382 á 403]; embárcase con Telémaco, hace que sople el Céfiro, viento próspero para el viaje, y los marineros ofrecen libaciones á los dioses y especialmente á Minerva, [II, 416, 420, 433]; desembarca en Pilos con Telémaco, anima á éste, encamínanse ambos hacia Néstor, que estaba en la playa celebrando un sacrificio, é, invitada por Trasimedes, hace libaciones á Neptuno, [III, 12 á 62]; infunde audacia en el pecho de Telémaco para que responda á Néstor, [III, 76]; después de la toma de Troya, Agamenón quiso aplacar la cólera de la diosa con hecatombes, [III, 145]; durante la guerra de Troya, Minerva protegía manifiestamente á Ulises, [III, 218 á 222]; reprende á Telémaco por las impías palabras que profiere, [III, 229 á 238]; exhorta á Néstor para que acabe el sacrificio, [III, 331 á 337]; intenta volver á la nave con Telémaco, pero Néstor se opone; y entonces aconseja á Telémaco que se quede y ella se va cual si fuese un águila, [III, 343 á 372]; oye las plegarias que le dirige Néstor, [III, 385, 393], quien manda preparar un sacrificio y lo ofrece á la diosa, [III, 419], [430 á 463]; apartó á Helena de junto al caballo de madera, [IV, 289]; invócala Menelao, [IV, 341]; [XVII, 132]; aborrecía á Ayax, [IV, 502]; Penélope, por consejo de Euriclea, ora á Minerva y la diosa escucha sus ruegos, [IV, 752 á 767], y le envía un fantasma que la consuela participándole que á su hijo lo acompaña Minerva, [IV, 795 á 838]; la diosa vuelve á lamentarse en el concilio de los dioses de que Ulises esté detenido por Calipso y logra que Júpiter mande á Mercurio á la isla Ogigia, [V, 5 á 28]; los aqueos, al regresar de Troya, ofendieron á Minerva, [V, 108]; calma Minerva la tempestad promovida por Neptuno á causa de su odio á Ulises, [V, 382 á 387]; sugiere á Ulises que se agarre á una peña al ser lanzado á la costa por el oleaje, [V, 427], y le da prudencia para salir luego á tierra firme, [V, 437]; infunde dulce sueño á Ulises para que descanse, [V, 491]; encamínase al pueblo de los feacios, penetra, como un soplo de viento, en el cuarto de Nausícaa y, tomando la figura de la hija de Dimante, recomienda á la princesa que vaya al río á lavar la ropa, y vuelve al Olimpo, [VI, 2 á 42]; para que Ulises despierte, hace caer en el agua la pelota que tira Nausícaa, y todas las doncellas gritan, [VI, 112 á 117]; infunde ánimo á Nausícaa á fin de que no huya cuando se le presenta Ulises, [VI, 139 y 140]; hace que Ulises aparezca más alto y grueso, y con el cabello semejante á flores de jacinto, [VI, 229 á 231]; le circunda de gracia, de la misma manera que el artífice instruído por Vulcano y Minerva cerca con oro la plata, [VI, 233 á 235]; hay un bosque á ella consagrado, junto á la ciudad de los feacios, y allí se detiene Ulises, por recomendación de Nausícaa, antes de entrar en la ciudad, [VI, 291], [322]; oye Minerva la plegaria que desde aquel sitio le dirige Ulises, [VI, 328]; envuelve al héroe en una niebla cuando el mismo endereza sus pasos á la ciudad, le sale al encuentro, transfigurada en una moza, habla con él, lo lleva al palacio de Alcínoo, le aconseja que suplique á Arete, y se va á Atenas, [VII, 14 á 81]; ha concedido á las mujeres feacias que se señalen en fabricar lienzos, [VII, 110]; disipa la nube en que envolviera á Ulises, así que el héroe llega á la presencia de Arete, [VII, 140 á 143]; invócala Alcínoo, [VII, 311]; transfigurada en heraldo, llama á los feacios para que acudan al ágora, [VIII, 7 á 14]; circunda de gracia á Ulises y le hace aparecer más alto y más grueso, [VIII, 18 á 20]; transfigurada en varón, señala dónde ha llegado el disco de Ulises y anima á éste, [VIII, 193 á 198]; con su ayuda construyó Epeo el caballo de madera, [VIII, 493]; por su favor ganó Ulises la victoria cuando, en el sitio de Troya, fué á la casa de Deífobo, [VIII, 520]; en la cueva del Ciclope, Ulises meditaba siniestros propósitos, por si Minerva le concediese la victoria, [IX, 317]; Minerva y los troyanos fallaron la contienda de las armas de Aquiles, adjudicándolas á Ulises, [XI, 547]; guiado por Mercurio y por Minerva, Hércules sacó del Orco el can Cerbero, [XI, 626]; gracias á Minerva, hicieron los feacios tantos presentes á Ulises, [XIII, 121]; al despertar Ulises en su patria, Minerva lo envuelve en una nube para que nadie lo reconozca, [XIII, 189 á 193]; luego se le acerca, transfigurada en joven pastor, y, contestando á sus preguntas, le describe la comarca y le dice que está en Ítaca, lo cual alegra á Ulises aunque duda todavía de que sea verdad, [XIII, 221 á 252]; entonces Minerva se transfigura en una mujer hermosa y se descubre á Ulises, disipa la niebla que envolvía al héroe, le hace reconocer su tierra natal, le ayuda á ocultar los regalos en una cueva y, sentándose ambos al pie de un olivo, deliberan sobre la matanza de los pretendientes, [XIII, 287 á 396]; acto continuo Minerva hace incognoscible á Ulises, pues, tocándole con una varita, le convierte en un anciano harapiento, le aconseja que vaya á encontrar al porquerizo, y se encamina á Lacedemonia á fin de llamar á Telémaco, [XIII, 397 á 440]; Ulises endereza sus pasos hacia donde le indicara Minerva, [XIV, 2]; en la fingida relación que de su vida hace Ulises á Eumeo, dice que en otro tiempo Marte y Minerva diéronle audacia y valor para luchar con los enemigos, [XIV, 216]; va Minerva á Lacedemonia, halla á Telémaco durmiendo y, apareciéndosele en sueños, le aconseja que regrese á Ítaca, desembarque antes de llegar á la ciudad, para librarse de la emboscada de los pretendientes, y vaya á la cabaña de Eumeo, después de lo cual la diosa se retira al Olimpo, [XV, 1 á 43]; Telémaco, antes de partir, ofrece un sacrificio á Minerva, [XV, 222], y la diosa le envía próspero viento, [XV, 292]; así que Eumeo sale de la cabaña, Minerva se presenta á Ulises, le llama afuera, le recomienda que nada le oculte á Telémaco y, tocándole con la varita de oro, hace que recobre su figura y lleve hermosas vestiduras, [XVI, 155 á 174], [207]; Ulises dice á Telémaco que ha ido á la cabaña del porquerizo por consejo de Minerva, [XVI, 233], que la diosa les ayudará en la lucha con los pretendientes, [XVI, 260], y, que tan pronto como ésta se lo inspire, le hará una señal á Telémaco para que esconda las armas que hay en el palacio, [XVI, 282]; infunde Minerva dulce sueño en los ojos de Penélope, [XVI, 451]; vuelve el porquerizo á la cabaña y Minerva, tocando á Ulises con la varita, torna á convertirlo en un anciano harapiento, [XVI, 454]; Minerva circunda de gracia divinal á Telémaco cuando éste se encamina al ágora, [XVII, 63]; incita á Ulises á que pida limosna á los pretendientes, [XVII, 360 á 362]; le aumenta la robustez del cuerpo cuando el héroe va á luchar con Iro, [XVIII, 69 y 70]; había de detener á Anfínomo para que éste cayera vencido por Telémaco, [XVIII, 155 y 156]; inspira á Penélope el deseo de mostrarse á los pretendientes, [XVIII, 158 á 160]; le infunde dulce sueño, la lava y hermosea, y parte en seguida, [XVIII, 187 á 197]; invócala Telémaco, [XVIII, 235]; no permite que los pretendientes se abstengan de la injuria, [XVIII, 346 y 347]; [XX, 284 y 285]; Ulises medita con Minerva la matanza de los pretendientes, [XIX, 2], [52 ]; la diosa alumbra con lámpara de oro á Ulises y Telémaco que esconden las armas, [XIX, 33 y 34]; distrae á Penélope cuando Ulises es reconocido por Euriclea, [XIX, 479]; y así que la reina sube á su habitación, le infunde dulce sueño, [XIX, 604]; aparécese á Ulises, transfigurada en mujer, le consuela prometiéndole su ayuda, le infunde sueño y se va al Olimpo, [XX, 30 á 55]; adiestró á las hijas de Pandáreo en primorosas labores, [XX, 72]; mueve á los pretendientes á una risa inextinguible y les perturba momentáneamente la razón, [XX, 345 y 346]; inspira á Penélope que les proponga á los pretendientes la prueba del arco, [XXI, 1 á 4]; difunde en los ojos de Penélope el dulce sueño, [XXI, 357 y 358]; en la matanza de los pretendientes, primero aparece, transfigurada en Méntor, é increpa á Ulises para animarle, [XXII, 205], [210], [224 á 235]; después se transforma en golondrina y se posa en una viga, [XXII, 239 y 240], hace que resulten vanos los tiros de los pretendientes, [XXII, 256], [273], y por fin levanta la égida y espanta á los pretendientes que son muertos por Ulises y los suyos, [XXII, 297 á 309]; realza la hermosura de Ulises, [XXIII, 156 á 162]; alarga la noche en que se verifica el reconocimiento de Ulises por Penélope, [XXIII, 242 á 245]; cubre con obscura nube á Ulises y los suyos cuando, al día siguiente de la matanza, salen al campo, [XXIII, 371 y 372]; hace que Laertes aparezca más alto y más grueso al salir del baño, [XXIV, 367 á 369]; la invoca Laertes [XXIV, 376]; inquiere la voluntad de Júpiter acerca de la lucha de Ulises con los itacenses y, al oir que el dios le aconseja el restablecimiento de la paz, desciende á Ítaca, [XXIV, 472 á 488]; cuando Ulises y los suyos salen de la casa para pelear, se les acerca la diosa, transfigurada en Méntor, y aquél, al verla, se regocija, [XXIV, 502 á 504]; Minerva se detiene junto á Laertes, le exhorta á invocarla á ella misma, le infunde gran valor, y Laertes mata á Eupites, [XXIV, 516 á 523]; Ulises y los suyos hubieran muerto á todos los enemigos, si Minerva no hubiese mandado á los itacenses que cesaran de pelear, [XXIV, 528 á 533]; Minerva detiene asimismo á Ulises y hace jurar la paz á entrambas partes, con lo cual termina la Odisea, [XXIV, 541 á 548].

Minos (Μίνως): Rey de Creta, hijo de Júpiter y de Europa. Á su hija Ariadna, Teseo se la llevó de Creta, [XI, 321 á 323]; Minos administra justicia á los muertos, [XI, 568 á 571]; su linaje está en Creta, [XVII, 523]; conversaba con Júpiter y reinó nueve años en Cnoso, [XIX, 178 á 180].

Mulio (Μούλιος): Heraldo duliquiense y criado de Anfínomo. Sirve el vino á los pretendientes, [XVIII, 423 á 425].