321 »Vi á Fedra, á Procris y á la hermosa Ariadna, hija del prudente Minos, que Teseo se llevó de Creta al feraz territorio de la sagrada Atenas; mas no pudo lograrla, porque Diana la mató en Día, situada en medio de las olas, por la acusación de Baco.

326 »Vi á Mera, á Clímene y á la odiosa Erifile que aceptó el preciado oro para traicionar á su marido. Y no pudiera decir ni nombrar todas las mujeres é hijas de héroes que vi después, porque antes llegara á su término la divinal noche. Mas ya es hora de dormir, sea yendo á la velera nave donde están los compañeros, sea permaneciendo aquí. Y cuidarán de acompañarme á mi patria los dioses, y también vosotros.»

333 Tal fué lo que contó Ulises. Enmudecieron los oyentes en el obscuro palacio, y quedaron silenciosos, arrobados por el placer de oirle. Pero Arete, la de los níveos brazos, rompió el silencio y les dijo:

336 «¡Feacios! ¿Qué os parece este hombre por su aspecto, estatura y sereno juicio? Es mi huésped, pero de semejante honra participáis todos. Por tanto, no apresuréis su partida; ni le escatiméis las dádivas, ya que se halla en la necesidad y existen en vuestros palacios tamañas riquezas, por la voluntad de los dioses.»

342 Entonces el anciano héroe Equeneo, que era el de más edad de los feacios, hablóles de esta suerte:

344 «¡Amigos! Nada nos ha dicho la sensata reina que no sea á propósito y conveniente. Obedecedla, pues; aunque Alcínoo es quien puede, con sus palabras y obras, dar el ejemplo.»

347 Alcínoo le contestó de esta manera: «Se cumplirá lo que decís en cuanto yo viva y reine sobre los feacios, amantes de manejar los remos. El huésped, mas que esté deseoso de volver á su patria, resígnese á permanecer aquí hasta mañana, á fin de que le prepare todos los regalos. Y de su partida se cuidarán todos los varones y principalmente yo, cuyo es el mando en este pueblo.»

354 El ingenioso Ulises respondióle diciendo: «¡Rey Alcínoo, el más esclarecido de todos los ciudadanos! Si me mandarais permanecer aquí un año entero y durante el mismo dispusierais mi vuelta y me hicierais espléndidos presentes, me quedaría de muy buena gana; pues fuera mejor llegar á la patria con las manos llenas y verme así más honrado y querido de cuantos hombres presenciasen mi tornada á Ítaca.»

362 Entonces Alcínoo le contestó, hablándole de esta guisa: «¡Oh Ulises! Al verte no sospechamos que seas un impostor ni un embustero, como otros muchos que cría la obscura tierra; los cuales, dispersos por doquier, forjan mentiras que nadie lograra descubrir: tú das belleza á las palabras, tienes excelente ingenio é hiciste la narración con tanta habilidad como un aedo, contándonos los deplorables trabajos de todos los argivos y de ti mismo. Mas, ea, habla y dime sinceramente si viste á algunos de los deiformes amigos que te acompañaron á Ilión y allí recibieron la fatal muerte. La noche es muy larga, inmensa, y aún no llegó la hora de recogerse en el palacio. Cuéntame, pues, esas hazañas admirables; que yo me quedaría hasta la divinal aurora, si te decidieras á referirme en esta sala tus desventuras.»

377 Respondióle el ingenioso Ulises: «¡Rey Alcínoo, el más esclarecido de todos los ciudadanos! Hay horas oportunas para largos relatos y horas destinadas al sueño; mas si tienes todavía voluntad de escucharme, no me niego á referirte otros hechos aún más miserandos: los infortunios de mis compañeros que, después de haber escapado de la luctuosa guerra de los teucros, murieron al volver á su patria porque así lo quiso una mujer perversa.