352 »Tales palabras profirió Euríloco y los demás compañeros las aprobaron. Seguidamente, habiendo echado mano á las más excelentes de entre las vacas del Sol, que estaban allí cerca—pues las hermosas vacas de retorcidos cuernos y ancha frente pacían á poca distancia de la nave de azulada proa—se pusieron á su alrededor y oraron á los dioses, después de arrancar tiernas hojas de una alta encina porque ya no tenían blanca cebada en la nave de muchos bancos. Terminada la plegaria, degollaron y desollaron las reses; luego cortaron los muslos, los pringaron con gordura por uno y otro lado y los cubrieron de trozos de carne; y, como carecían de vino que pudiesen verter en el fuego sacro, hicieron libaciones con agua mientras asaban los intestinos. Quemados los muslos, probaron las entrañas; y, dividiendo lo restante en pedazos muy pequeños, lo espetaron en los asadores.

366 »Entonces huyó de mis párpados el dulce sueño y emprendí el regreso á la velera nave y á la orilla del mar. Al acercarme al corvo bajel, llegó hasta mí el suave olor de la grasa quemada y, dando un suspiro, clamé de este modo á los inmortales dioses:

371 «¡Padre Júpiter, bienaventurados y sempiternos dioses! Para mi daño, sin duda, me adormecisteis con el cruel sueño; y mientras tanto los compañeros, quedándose aquí, han consumado un gran delito.»

Lampetia fué á decirle al Sol que habíamos dado muerte á sus vacas

(Canto XII, versos 374 y 375.)

374 »Lampetia, la del ancho peplo, fué como mensajera veloz á decirle al Sol, hijo de Hiperión, que habíamos dado muerte á sus vacas. Inmediatamente el Sol, con el corazón airado, habló de esta guisa á los inmortales:

377 «¡Padre Júpiter, bienaventurados y sempiternos dioses! Castigad á los compañeros de Ulises Laertíada, pues, ensoberbeciéndose, han matado mis vacas; y yo me holgaba de verlas así al subir al estelífero cielo, como al tornar nuevamente del cielo á la tierra. Que si no se me diere la condigna compensación por estas vacas, descenderé á la morada de Plutón y alumbraré á los muertos.»

384 »Y Júpiter, que amontona las nubes, le respondió diciendo: «¡Oh Sol! Sigue alumbrando á los inmortales y á los mortales hombres que viven en la fértil tierra; pues yo despediré el ardiente rayo contra su velera nave, y la haré pedazos en el vinoso ponto.»

389 »Esto me lo refirió Calipso, la de hermosa cabellera, y afirmaba que se lo había oído contar á Mercurio, el mensajero.