En cuanto á los adelantos urbanos, la edificación adoptaba la forma de las casas pompeyanas ó moriscas, que se admiran en la ciudad destruída ó que se visitan en España en las ciudades de Sevilla ó Córdoba; las casas macizas con techo de teja, de épocas anteriores, daban modelos á las nuevas construcciones. El pavimento de las calles era el natural, excepción hecha de algunos cortos trechos de empedrado: para los que se utilizaban piedras traídas de Martín García[21]. El alumbrado confiado aun en su casi totalidad á la lamparilla de aceite. En los alrededores de Buenos Aires, las quintas á las que conducían caminos poco cómodos, ofrecían un punto de llegada en las excursiones y paseos de que tan gratos recuerdos conservan los viejos de nuestro tiempo.
3. En los campos, las circunstancias políticas habían hecho causa común con el desierto, la tradición y la fácil ganadería para impedir el desarrollo de la agricultura y favorecer el de aquélla; las quintas y chacras de los alrededores no alcanzaban á producir todo lo que las ciudades consumían, dando así lugar á que subsistiera aun la importación de cereales. Y en cuanto á los procedimientos de cultivo, eran sólo los que las costumbres habían transmitido: es de fecha posterior la introducción de máquinas y sistemas.
En cambio, la ganadería se conservaba en su apogeo; aquel trabajo más arriesgado y más libre de la época colonial, era todavía el predilecto en la elección que para el despliegue de sus actividades hacía el hombre de campo. La enorme extensión del territorio no hacía necesaria la economía del suelo, y ayudaba también en aquel sentido la existencia de los grandes fundos que adquiridos por medios más ó menos legítimos é ilegítimos se han perpetuado, y que hasta en la actualidad, ahogan con su abrazo el desarrollo de muchos pueblos y ciudades, y retardan el progreso de algunas provincias. Debe recordarse sin embargo, que la ganadería había dado algunos pasos con las tentativas de refinamiento que recuerda el general Mitre en la arenga pronunciada en la exposición agrícola-industrial de Buenos Aires, el 10 de abril de 1859.
Un poco más allá, donde la población escaseaba aun más, los territorios abandonados al indio, poco ó nada explorados, las tierras fiscales, los grandes bosques vírgenes, las montañas y las sierras cuyo contenido se ignoraba y que contribuirán algún día á la riqueza del país.
En cada provincia, sus particularidades: los saladeros en Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes, los tejidos en el interior y las tantas otras industrias, muchas de ellas conservadas en la actualidad.
4. Pueblos y ciudades así aislados, tenían una idea, vaga aun, de que formaban una nación: que además de la patria reducida donde gobernaba el caudillo, había otra más grande á la que también pertenecían aquellos otros pueblos á quienes le unían largos caminos y un comercio continuo. Esas comunicaciones se hacían no obstante las enormes dificultades y distancias de que apenas se tiene una idea cuando se atraviesa ahora la república en cómodos ferrocarriles.
Las vías de comunicación actuales en la República Argentina, sin estar sino en mínima parte trazadas, han alcanzado desarrollo regular, permitiendo, sobre todo en la región noreste, trasladarse con facilidad de un punto á otro, comunicarse con relativa rapidez, no vivir cada población ignorando lo que pasa en su vecina de algunas leguas.
No era así sin duda en la época á que este capítulo se refiere, teniendo sin embargo ya larga historia el desarrollo de estos medios de unión entre los hombres. Es necesario hacer un recuerdo de ellos; su importancia era grande, aunque tan poca pareciera tomando la fecha 1853 sin referirla á otras anteriores.
Como lo afirma Moussy[22], los mismos medios que usaron los conquistadores en el siglo xvi, debían servir con pocas variantes para las comunicaciones argentinas á mediados del siglo xix. Las naturalezas de hierro podrían resistir las largas travesías; los que no las tenían, debían perecer. Entre salvajes y animales de toda especie, sólo podrían resistir los mejor dotados, y á los débiles se aplicaría la ley de selección natural. La función hizo al órgano y apareció el baqueano conocedor de todos los lugares, «personaje eminente y que tiene en sus manos la suerte de los particulares y de las provincias. El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce á palmo veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña»[23]. Los ríos se cruzaban en pequeñas canoas, cuando no se conservaban las antiguas pelotas, y las selvas por las veredas ó sendas heredadas del salvaje ó abiertas para las nuevas necesidades. Las rutas de Chile y la del norte eran las más frecuentadas y lo habían sido también en la época colonial cuando las mercancías que llegaban de Europa á Buenos Aires, debían ser conducidas á Potosí ó á la intendencia de Cuyo. Y al lado de estas rutas capitales, las rutas secundarias de Buenos Aires al Rosario, de Mendoza á San Juan, de San Juan á San Luis. Las rutas intercapitales, las de la mesopotamia y todas aquellas á que las necesidades del comercio, ó el interés del conocimiento de lugares, ó cualquier otra causa importante hubieran dado nacimiento.