2. La libertad de transmitir ideas había impulsado el desarrollo de las empresas de diarios: la Ilustración Argentina, Los Debates, La América, La Nación Argentina, El Nacional, La Reforma Pacífica, pertenecen á este período; entre los extranjeros, El Español, La Nazione Italiana, L’Eco d’Italia, Le Courrier de la Plata; The Standard, primer periódico inglés que se publicó en sudamérica, y que tuvo subvención nacional hasta 1891 y provincial hasta 1869. Del mismo modo, el periodismo se expandía en el interior: Córdoba, por ejemplo, tenía varios diarios: El Imparcial, La Bandera Católica, El Eco, El Diario. Buenas ó malas, estas publicaciones prueban por lo menos un hecho: que eran posibles; y gran adelanto es para un pueblo, la posibilidad de emitir libremente sus opiniones.


Las ideas generales también cambiaban y se ansiaba el progreso. La vista de los adelantos que los extranjeros traían, y las noticias de que algunos naturales eran portadores á su regreso de Francia, Italia ó Inglaterra, causaban admiración. Se compararía el hábito de trabajo de los italianos ó suizos, la inteligencia de los franceses, las máquinas é inventos de los ingleses, con la nada que el país tenía. Se buscó la causa de esta inferioridad y se la encontró en aquella España que no es ciertamente la de hoy. Los escritores de aquella época pensaron que no le había bastado mantener siglos enteros á las colonias en la ignorancia y desprecio; su acción continuaba porque los argentinos llevaban en su sangre mucha sangre española; aconsejaron como supremo remedio la desespañolización. El país se mantendría en la obscuridad y se revolvería en luchas sin fin si no se desespañolizaba: «la España conquistó la América. Los ingleses conquistaron el norte. Con la España vino el catolicismo, la monarquía, la feudalidad, la inquisición, el aislamiento, el silencio, la depravación, y el genio de la intolerancia exterminadora, la sociabilidad de la obediencia ciega. Con los ingleses vino la corriente liberal de la reforma: la ley del individualismo soberano, pensador y trabajador en completa libertad. ¿Cuál ha sido el resultado? Al norte, los Estados Unidos, la primera de las naciones antiguas y modernas. Al sur, los Estados Des-Unidos, cuyo progreso consiste en desespañolizarse»[41]. Aquella obra era cuestión de vida ó muerte. Había que llevarla á los elementos todos de la vida, al hogar y á la escuela, á la materia y al alma. «Es necesario tener muy presente que la obra de la desespañolización no consiste solamente en abolir las leyes é instituciones de la conquista. No es eso sino una parte, que podemos llamar la desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar á la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma, es pues lo principal»[42]. Á España se le reputaba la culpable, y procurando explicar el fenómeno, se llegó á ver que no pudo aquella nación proceder de otro modo. España no trató mal á sus colonias y á los habitantes de ella con un fin de maldad; aun más, este maltrato no debió parecer tal á los españoles. Y esa sumisión en cuerpo y alma no era sino la consecuencia de las ideas dominantes y por hábito convertidas en principios á los que se les tenía por verdaderos: desde la caída del imperio romano, datan las guerras religiosas, con la que emprendió Clovis para la conversión de los visigodos. El clero asumía autoridad importante, que era tomada un siglo más tarde por el clero católico visigótico; los reyes dieron gran importancia y autoridad á las decisiones y mandatos de los concilios, que vinieron á formar parte de la legislación. Y la guerra mora, de independencia y religión volvió nuevamente á hacer que la autoridad de los príncipes y de los obispos fuera grande. Para triunfar era necesaria la sumisión á los jefes, sumisión absoluta; y en cuanto á la sumisión religiosa se encargaban de mantenerla, la religión unas veces, el fanatismo y la superstición otras[43]. Esta obediencia y superstición, este dominio del espíritu se grabó en el alma de los hijos y los descendientes lo heredaron para hacerlo con el transcurso del tiempo, parte integrante de su personalidad. El principio dominó en España y pasó á América donde también dominó. Aquí mezclóse con otras ideas. Los españoles, aun de peor ralea, creyéronse amos de los nativos y comenzó la lucha sorda unas veces y tempestuosa otras, que debía, convertida en factor preponderante, decidir la lucha emancipadora. Mas la sumisión espiritual dominó, atravesó la época de Rozas y dominaba después; en las otras naciones de América siguió con mayor ó menor potencia, según las circunstancias favorables ó contrarias; en algunas, domina quizás en la actualidad; pero en todas originaba la expresión de pensamientos é ideas, y adquiría fuerzas la afirmación de que «la emancipación del espíritu, ese es el gran fin de la revolución hispano-americana... La civilización española consagraba y mantiene todavía en la península el principio contrario. Toda ella reposaba sobre la base de la esclavitud del espíritu humano. La política y la religión, la legislación y las costumbres anonadaban al hombre, como sér inteligente y como sér moral, porque el poder absoluto no podía existir sino sobre ese aniquilamiento. Jamás se ha visto en el mundo cristiano un poder espiritual más fuertemente organizado, más omnipotente, más completo, más invasor, más voraz, más universal que el poder constituído en la monarquía española: el hombre le pertenecía completamente, sin excepción. No tenía iniciativa ni espontaneidad y sus facultades intelectuales sólo podían concebir las ideas que aquel poder le transmitía; pero sin dar al hombre el derecho de juzgarlas; su corazón sólo podía adherir... la verdad estaba prescripta de antemano... los sentimientos, las afecciones tenían también su ley... una ley arbitraria, que no era otra que la voluntad de los hombres que tenían el privilegio de administrar el poder espiritual»[44]. Aquellos hombres que deseaban un país libre y grande, en quienes la vida del campo y las luchas civiles habían exaltado el sentimiento del valor, al ver que los hechos y la historia de los hechos señalaban á España como causa dominante del malestar, quisieron, no por rencor sino por patriotismo, desespañolizarse; no odiaron á la nación española sino á los métodos de gobierno, y no tendrían sus hijos inconveniente, cuando el sistema cambió aun en España, en recibir con los mayores afectos á la representante del trono español, al que tanta culpa se le daba en nuestras desgracias.

3. El período político transcurrido desde 1853 á 1869, comprende la separación de la provincia de Buenos Aires del resto de las provincias; la sanción de la constitución nacional de 1860, la reforma de 1866, la presidencia del general Mitre y el comienzo de la de Sarmiento.

El rechazo del acuerdo de San Nicolás por Buenos Aires, dió motivo á la lucha próxima. Urquiza intentó imponerse; lo consiguió en un principio. La tea incendió. Mitre levantó las milicias contra «el nuevo tirano»; se desconoció toda autoridad nacional y se retiró á Urquiza el encargo de mantener las relaciones exteriores. En 1854 se sancionó la constitución provincial para Buenos Aires, y la separación se mantuvo hasta después que las batallas de Cepeda y Pavón, sirviendo de derivativo á las energías nerviosas y á los enconos, permitieron tratar la cuestión con razones más estudiadas y en términos más pacíficos.

En 1859 la convención de Buenos Aires propuso las reformas que creía necesarias á la constitución de 1853.

Las reformas que se sancionaron fueron de poca importancia no alterando las líneas generales de aquella y consistieron en la determinación de residencia de las autoridades nacionales en la ciudad que se declarare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión de la provincia á que pertenezca el territorio á federalizarse; en resoluciones respecto á derechos de exportación y comercio, á la libertad de los esclavos que por cualquier modo se introdujeren en la república; á la prohibición de las ejecuciones á lanza y cuchillo; á la libertad de imprenta, á las cuestiones de competencia de la suprema corte, y algunas otras más. Se aclararon principios contenidos en la constitución y se buscaron soluciones á algunos reclamos posibles entre la provincia de Buenos Aires por un lado y la Confederación Argentina por el otro.

En cuanto á la reforma de 1866 consistió sólo en la supresión de la cláusula que determinaba entre los fondos del tesoro nacional los derechos de importación y exportación sólo hasta 1866; quedó establecido que aquella contribución correspondiera siempre al tesoro nacional. Y como consecuencia, la supresión en el inciso 1o del artículo 67, la parte en que atribuía al congreso el establecimiento de «los derechos de exportación hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial». Quedó redactada esta parte así: «establecer igualmente los derechos de exportación».


La vida financiera de una nación contribuye con notable coeficiente en sus progresos, como que es la síntesis de la vida económica, base aceptada por Marx como estructura de la sociedad, de lo que las instituciones, derecho, religión, son sólo la superestructura variable con las variaciones de aquella.