En agricultura, la investigación general realizada por la inspección de colonias, permitió la reconstrucción del cuadro de la superficie cultivada en la República Argentina en el año 1872. En un total de 580.000 hectáreas cultivadas en la república, Buenos Aires cuenta 117.000, es decir, casi una tercera parte; Santa Fe con 62.548; Entre Ríos con 34.000; es cierto que Mendoza y San Juan cuentan también con cifras elevadas, debido al extenso cultivo de la viña que ya entonces se hacía en aquellas provincias. Por ser estos datos más precisos, los he tomado para referirlos á la época que trato, pues dos años de diferencia no pueden alterar profundamente las deducciones que permiten las cifras comparadas[48].
La agricultura estaba estrechamente relacionada á la fundación de colonias; Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba vieron surgir en su territorio numerosas colonias y los gobiernos se apresuraron á ayudarlas. En Santa Fe se fundaron con franceses, suizos é italianos, las colonias Esperanza (1856), San Jerónimo (1856) y San Carlos (1857) para llegar en 1870 á contar 31 colonias agrícolas. Buenos Aires, tuvo por primera colonia á Baradero, en 1856 con suizos y alemanes y poco después, nueve pueblos agrícolas, dieron muestra de vida potente. En Entre Ríos, Urquiza fundó la colonia San José en 1857 con italianos, franceses, suizos y alemanes y poco después le siguió Villa Urquiza (1858) en que se establecieron agricultores alemanes, franceses, españoles, belgas, italianos y suizos juntamente con cincuenta familias argentinas[49]. En Córdoba, la primera colonia, Tortugas, es de fecha posterior: fué establecida en 1870; no obstante, la importancia agrícola de la provincia era ya grande entonces, y mucha la extensión dedicada á la agricultura; los alfalfares que introdujera de un modo casual Patricio Oyolas en 1861, se habían extendido y comenzaban á adquirir el buen nombre que conservan.
En el informe del señor Wilken, sobre las colonias agrícolas que visitó en 1872[50], se encuentran interesantísimas noticias sobre la vida, educación, modos y útiles de trabajo de todos aquellos pobladores; y todas esas gentes de diversas razas históricas, puestas en contacto y unidas también á los nacionales, debían forzosamente producir descendientes con nuevos caracteres, que heredarían sus costumbres y que podrían tener al lado de la inclinación á los trabajos ganaderos y del sentimiento de desprecio de la ley, los sentimientos de orden y respeto y la convicción de que la agricultura puede ser también fuente de riqueza particular y pública.
Todo el desarrollo de las colonias está íntimamente relacionado con las medidas y propósitos para atraer la inmigración á que antes hemos hecho referencia.
Los productos de la ganadería mejoraban: algunos estancieros renovaron las iniciativas del tiempo de Rivadavia tendientes á mejorar el ganado con el cruzamiento de otros de clases superiores, traidos de Europa. En un principio se tuvo poca confianza y pocos fueron los que se dedicaron á tal empresa, prefiriendo la mayor parte dejar obrar á la naturaleza sin preocuparse del mejoramiento. Poco á poco el ensayo, que correspondió á algunos estancieros ingleses establecidos en Buenos Aires, tuvo imitadores en los argentinos. Por otra parte, el ganado lanar, había mejorado desde 1824, con las iniciativas de Pinto, Capdevila, Bell, Harrat, Sheridan. Todo esto permitió en 1859 al gobernador de Buenos Aires, alabar los adelantos de la Argentina y alzar en discurso memorable un himno de felicitación á los pioneers de la agricultura y ganadería argentina[51].
No hay datos abundantes sobre las industrias de la época. No obstante, por los nombres de las profesiones que da el censo de 1869, como por algunas investigaciones particulares en determinadas industrias, puede llegarse á la conclusión que aun en esa fecha aquellas eran pocas relativamente y que primaban las que se referían á alimentación, vestido, construcciones, talabartería y herrería; y en cada región las que hacían posibles las circunstancias y la mejor condición del suelo: en Mendoza y San Juan la vinícola, en Tucumán la azucarera, etc. Más entonces todavía aquellas industrias producían en reducida escala: así, por ejemplo, hacia la época del censo, la importación de azúcar alcanzaba á 22.000 toneladas por año; la de vino á 600.000 hectólitros.