3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.
Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869; desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán, y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á 1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan, Salta, Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un total de 9453 kilómetros en explotación.
El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en explotación sumaban 14.462; el 1o de enero de 1898 eran 14.799. Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones; son extranjeros en su mayor parte los que las han dirigido y millares de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos materiales.
En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11 extranjeras.
Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun no había llegado.
Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.
El correo sigue las vías de comunicación: va en los ferrocarriles, aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite enviar noticias á las más apartadas regiones.
Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos: en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías; el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33 propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.
La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres de otras razas y naciones. Antes bien, consiste—y acordarán en ello altruistas y egoístas—en aprovecharles, dejándoles que aprovechen. Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses: es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros; bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues que al hacerlo, facilitan el nuestro!
Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos, congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente. De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.