La educación en general, en sus diversas ramas, ya es materia nacional. Es producto nuestro, hecho por nuestros hombres. Se aceptan determinados planes extranjeros ó se emplea algunos profesores contratados en Europa. Pero en general, los hombres que se dedican á todas las enseñanzas desde el maestro de grado hasta el rector de la universidad, son argentinos. Y todo podría serlo, aun los institutos para los cuales se traen de fuera profesores, si no existiera la tendencia general en nuestros hombres de creer como axiomática verdad lo que le dice un libro extranjero ó lo que cuenta cualquier sabio ú orador que nos visita, sin fijarse que lo mismo decía uno de los nuestros de quien no se hacía caso; ha sido así necesario que se trajera profesores alemanes para que se creyera en la necesidad de preparar el profesorado secundario, olvidando una de las funciones que desempeñaba la Facultad de Filosofía y Letras: ha sido necesario que Clemenceau nos dijera lo que era la democracia para que creyéramos que nos dábamos cuenta de ello: que Ferri nos repitiera con su mágica palabra lo que tantos nos dicen; que France cantara, quizás con ironía, nuestra grandeza, ó la expresara con calor Blasco Ibáñez para que nos complaciera tal estado. En fin, que Lorini mostrara nuestros vicios políticos y administrativos para que nos alarmáramos, como si no estuviéramos á diario sintiendo sus consecuencias.

La educación, decía, se hace nacional, en el sentido de que nos bastamos para darla. Y es éste uno de nuestros grandes progresos, y un factor de la transformación social argentina. Creo que el fin de todos nuestros adelantos debe ser convertir en trabajo nacional todo lo que pudiendo ser nacional está en manos extranjeras: la fabricación de máquinas, las faenas agrícolas, las grandes industrias... Hacer que el pueblo nuevo, transformado, el argentino descendiente de extranjero ó que aun lleve en su sangre recuerdos del aborígen adapte á sí todo lo que no ha adaptado hasta ahora y sepa bastarse á sí mismo. Y bien, por fortuna la educación ha avanzado mucho en ese camino.

6. En esta época, los adelantos periodísticos han colocado á la prensa argentina entre las mejores del mundo. El desarrollo de las bellas artes no ha tomado aun carácter nacional y su estado no difiere del que mencioné en el anterior capítulo. Las diferentes religiones no causan problema alguno entre nosotros, desde que la libertad de cultos existe y es una de las mejor aseguradas. Vivimos con las costumbres europeas y sus modificaciones de adaptación local y las costumbres de tierra adentro, de todos conocidas, por lo menos de oídas, imprimen algunas características especiales que tienden á desaparecer.

7. Antes de terminar y como hechos que también entran como factores en la transformación social que se opera, y que tienen sus raíces y su fuerza en la inmigración, es deber recordar la existencia del socialismo, que recién nacido en la época anterior es adulto en ésta, y del anarquismo, cosa bien distinta aunque á veces se les confunda de la manera más lamentable.

Respecto del socialismo, he ya referido á su origen en la Argentina y su foco en la capital: entiendo hablar del socialismo del partido socialista; no de las asociaciones de obreros que toman nombre parecido: lo hago así porque es el primero el que se presenta como movimiento solidario en la Argentina, de los movimientos de la clase obrera de Europa.

Con la industria, con los deseos y aspiraciones proletarias, con el constante encarecimiento de la vida, el hecho extraño se hace cuestión nacional; los obreros son muchos, el partido crece, hombres intelectuales argentinos se ponen á su cabeza; los pocos socialistas de la época anterior forman ahora millares, se disciplina el partido y en las elecciones da ejemplo de civismo y honradez, cumpliendo con el deber de votar y no comprar electores. Podrá ó no tener razón de ser el socialismo, considerado como semejante al europeo, y podrán ó no ser exactas las afirmaciones del profesor Ferri al respecto; mas lo cierto es que el partido socialista tiene aspiraciones delineadas, muy distintas de las cartas orgánicas de tantos partidos que mueren después de un tiempo de parálisis infantil; cierto es que la cuestión obrera, semejante ó no á la de Europa, se presenta en nuestra tierra, y dentro de ella con caracteres bien distintos en la capital de los que tiene en las provincias. En una ú otra forma, resultará siempre cierto que «las naciones de este continente no podrán impedir que el socialismo las invada, más temprano á las unas, más tarde á las otras, á todas cuando las formas productivas nuevas hayan desalojado por completo á las antiguas y coordinado así el hecho de la propiedad con el modo de producción»[67].

El partido, formado en un principio con elementos europeos, ha seguido una orientación fija, luchando sin desfallecimientos, explicando razones, aunque por desgracia no siempre se hayan mantenido todos sus elementos en el camino de orden y conquistas paulatinas, que son parte de su programa. Se ha apoderado de almas argentinas, les ha explicado cómo el internacionalismo no se opone al patriotismo y como puede conciliarse con él[68]; en fin, ha fundado diarios que divulgan sus ideas.

Sea como consecuencia del constante reclamo de los representantes del elemento obrero, sea por convicción traída por el análisis de hechos, la legislación argentina ha debido por necesidad ser pródiga en proyectos y leyes de trabajo. Es de allí que se ha originado notable proyecto de ley nacional del trabajo, del doctor Joaquín V. González, y el departamento nacional del trabajo, la ley sobre trabajo de mujeres y niños, los proyectos sobre accidentes del trabajo, seguros de obreros y tantos otros. En cuanto á la ley de residencia y la de seguridad social se refieren á la defensa respecto de elementos perturbadores y anárquicos, y no á los reclamos de los socialistas.

El socialismo argentino, hecho nuevo llamado á tener grandes consecuencias, nacido cuando las condiciones generales del país y la transformación de su vida industrial y de sus elementos étnicos lo hicieron posible, es uno de los hechos más característicos de la vida argentina contemporánea.