Cosa bien distinta al socialismo es el anarquismo. Hace más de quince años, el representante argentino en Washington, enviaba á nuestro gobierno una recopilación é informe sobre los medios de represión del anarquismo, puestos en práctica en las naciones de Europa. Ni entonces ni después, por mucho tiempo, se pensó que fuera posible que el anarquismo echara raíces, y pudiera existir en la Argentina.
Esta tendencia nació con Bakounine á mediados del siglo pasado: considerando á las clases obreras incapaces de mantenerse emancipadas una vez que hubieran conseguido tal estado, creía de mayor conveniencia limitar la propaganda á lo que fuera destrucción y mantener tal orden ó mejor dicho tal desorden como ideal de situación permanente. La Alianza de la democracia socialista, siguió sus ideas[69]. De allí en adelante el anarquismo se fué separando cada vez más del socialismo, hasta ser dos cosas completamente distintas. Sus secuaces han invadido toda Europa, y han comenzado por las vías de hecho á realizar su programa final.
La creencia en la imposibilidad de su introducción á nuestra tierra fué debilitándose cuando se vieron signos inequívocos de su existencia en ella. Apareció primero un diario, La Protesta; se formó después un partido que las gentes confundieron durante algún tiempo con los socialistas; un día estalló la primera bomba anarquista que mató á un niño: la población y la prensa se alarmó llamando á aquél, día de luto en los anales argentinos. Los gobiernos, no obstante considerar insuficiente y de aplicación equívoca la ley de residencia sancionada pocos años antes, nada hicieron, pasado el primer momento de excitación. Luego, los hechos fueron de más serias consecuencias: el jefe de policía de la capital y su secretario fueron víctimas de una bomba anarquista. Después otra bomba anarquista hizo estragos en el teatro Colón de la misma ciudad; entonces se comprendió la necesidad de evitar que aquellos hechos se repitieran y á toda prisa se sancionó una ley de seguridad social, en la que se reprime á todo trance, sin que á la sanción de ella precediera un estudio serio del problema. No obstante, no era por falta de datos y conocimiento de la situación que el estudio no se hacía; era más bien por pereza criolla. Poco tiempo antes de su muerte, el jefe de policía de la capital, coronel Falcón, en una nota elevada al ministro del interior exponiendo sus vistas sobre los acontecimientos socialistas y anarquistas que se sucedían en el país en esos días,—mayo de 1909,—recordaba entre los factores de la violencia, el sectarismo anarquista: «éste conglomerado el más peligroso como representación doctrinaria, era ya conocido por la policía. Guarda en su seno todo lo que tiene de disolvente y destructor el organismo social, todos sus ideales van á una negación y lo mismo que en otras partes entre nosotros, su lema es la propaganda por la acción, acción revolucionaria de destrucción pura y simple. Arrasar con lo existente por cualquier medio, sin elegir: destruir, porque nada debe existir organizado... cualquiera que sea la teoría parcial que profesen los varios grupos en que se divide y disienten, sólo coinciden en la supresión absoluta de toda entidad social orgánica»[70].
El programa del partido anarquista de la Argentina, lo conoce desde tiempo el público: en cuarta hoja de La Protesta se han publicado hasta hace poco los «fundamentos de la idea anarquista». Declarábase allí: 1o, los anarquistas son irreligiosos, porque consideran que las religiones son medios de explotación é hipótesis absurdas; 2o, el capital es una explotación; 3o, el gobierno es una entidad inútil que sirve sólo para mantener la explotación capitalista; 4o, la política es lucha de ambiciones; los anarquistas son impolíticos; 5o, las leyes favorecen á los privilegiados; los anarquistas son adversarios de toda legislación; 6o, la división de la tierra en patrias, es injusta, el mundo es de todos; los anarquistas proclaman la abolición de las patrias. «Síntesis: los anarquistas queremos una sociedad en que cada hombre se gobierne á sí mismo y en la que los medios de producción estén al alcance de todos los hombres. Anarquía es la vida libre, sin que política, ni social ni económicamente un hombre predomine sobre otro.»
En otro documento explicaban la anarquía como hecho congénito de la especie, nacida en los primeros tiempos de la humanidad, y ahora cuerpo de doctrina: independiente de cualquier otro, con límites y caracteres netamente definidos: agregando: «si bien aceptamos las luchas de clases como una ineludible fatalidad histórica, somos humanistas, puesto que vamos á la abolición de todos los privilegios, á la liberación de todos los hombres en una sociedad de igualdad y de justicia. Nos oponemos, pues, á la tendencia que en nombre de un mal entendido determinismo económico ó social nos llevaría solamente á una nueva tiranía obrera ó anarquista, que no sería la mejor de las tiranías. Por estar convencidos de que tanto para los individuos como para los pueblos son necesarios grandes ideales que sirviendo de lenitivo á los sinsabores de las tremendas luchas del presente, sean también estrellas directrices en el camino áspero del progreso, propagamos el comunismo anárquico como forma suprema de la futura convivencia social»[71]. Á continuación, habla el manifiesto, de cómo en la Argentina el anarquismo tiene razón de ser, y usa de los términos de grueso calibre habitual en aquella literatura.
De todas estas cosas se desprenden para nuestro estudio diversas consecuencias: en primer lugar, la existencia en la Argentina de anarquistas que forman partido y desean la destrucción de todo régimen; 2o, la existencia, por propia confesión, de anarquistas que buscan mejoras sociales, sosteniendo que la destrucción de todo régimen es el ideal que se tiene en vista para la acción, aunque no se crea en su posible realidad; 3o, la separación absoluta entre socialistas y anarquistas, separación que da motivo á la formación de dos partidos distintos, con métodos é ideas diferentes, y que por error se les confunde con frecuencia.
Entiendo que el anarquismo es un partido equivocado, cuya existencia es un peligro para la humanidad: pero entiendo también, que dado que su existencia en la nación está probada, se impone el estudio científico de esta manifestación social para encontrar los medios de prevenirlo; la investigación respecto de la parte de verdad que puedan tener sus afirmaciones que se refieren á hechos injustos, para evitar todo reclamo con fundamento, y al mismo tiempo para tener, al aplicar penalidades, la conciencia de proceder dentro de la más estricta justicia.