2. La transformación material de los modos de existencia en la Argentina, es evidente. Se puede discutir, sobre el adelanto ó retroceso de los argentinos en lo que á moral ó intelectual se refiere, á su carácter, á su patriotismo, á sus modos de ser en general; pero nadie discute el hecho manifiesto de la rapidez é importancia de sus adelantos materiales: por ser un pueblo nuevo, que partió de una situación cercana á la nada, la magnitud del cambio es más visible. Desde 1853 á 1910 sólo han transcurrido cincuenta y siete años; período tan reducido que permite á nuestros hombres de alguna edad, relacionar mentalmente una y otra época después de haber sido espectadores de tanta transformación y tanto cambio. En cada capítulo que correspondía á pocos años, he tomado en cuenta las principales manifestaciones de la actividad: agricultura, ganadería, industrias, vías de comunicación. Y el incesante desarrollo febril que allí se revelaba, no ha cesado todavía y no es posible siquiera vislumbrar cuando disminuirá su vertiginosa marcha.

Es natural que debemos considerar los cambios refiriéndolos al suelo y haciendo abstracción de otras consideraciones, pues en este momento entiendo hablar de ellos solamente. Por eso, recordémoslos por ahora, sin preguntar en cuanto han sido capitales extranjeros los que han permitido tales cosas. No preguntemos tampoco cuál es la situación económica argentina y en cuanto los banqueros extranjeros, pesan sobre su riqueza actual y futura...

En todo ello el factor económico ha ejercido influencia poderosa y principal: la idea de la ganancia rápida, de volver á la patria con ella, ha sido el propulsor eficaz de las corrientes inmigratorias; la facilidad de la colocación del dinero á alto interés, en otros lugares penado por usurario, y aquí permitido como justo, ha enviado ingentes capitales, y ha opuesto la codicia al peligro de la tardía é hipotética restitución. La creencia en la fortuna fácil ha borrado de la conciencia de los argentinos, las inquietudes que pudiera provocar el pensamiento de la carga que en forma de deuda, se echaba sobre hijos y descendientes.


Á la transformación material ha correspondido una transformación étnica de importancia suma: españoles, indios, negros, mulatos, y mestizos, han cedido al inmigrante el derecho de moldear el futuro pueblo. Por condiciones geográficas, han sido vencidos en la capital primero, luego en el litoral y la lucha dura en el interior todavía. No siempre se ha producido la substitución; también el mestizaje ha dado sus productos que no en todas partes han sido malos; productos que han originado juicios á mi entender, por excluyentes, parciales.

El doctor Ayarragaray en La anarquía argentina y el caudillismo y en La constitución étnica argentina, el doctor Bunge en Nuestra América y otros autores, consideran el producto del mestizaje como inferior y elemento malo, y juzgan que necesitará tiempo para que sus descendientes adquieran la inteligencia y aptitudes de los hijos de pueblos adelantados. «En el proceso de la mestización se suman los valores de la misma naturaleza; sólo se ligan las facultades é instintos comunes y vulgares, que forman el sedimento perenne de toda alma humana, sea cualquiera la cepa de la cual procede. En el híbrido, precisamente se combinan los elementos y las aptitudes inferiores; las cualidades superiores, individuales, antropológicamente incorporadas á la personalidad de la raza, se extinguen, una vez destruído el molde originario del tipo. Es la esencia sutil volatilizada, cuando se mezclan dos perfumes de distinta naturaleza, en un recipiente común»[72].

Por de pronto, débese convenir que el mote de híbrido con que caracterizan á tales individuos, es impropio: el término híbrido «aplícase al animal ó al vegetal procreado por dos individuos de distinta especie» y nadie sostendrá ya, que el hombre blanco y el hombre negro sean de especie distinta. En la innumerable gradación de pigmentaciones, hay de todo, y si los carácteres físicos y aun morales, son diversos, tal diversidad no es suficiente para que se llame híbridos á individuos que son simplemente mestizos; los cruces han producido toda clase de individuos: los hay, es verdad de aquellos que responden á todos los caracteres que los autores citados les atribuyen, como los hay que responden al tipo del coya infeliz, modelo de degeneración. Pero en cambio los hay también que responden á los caracteres morales de los hombres de mayor civilización, que han llegado á desempeñar papel importante en la vida argentina, como hay mujeres que justifican en un todo las amables palabras que les dedica el señor Ameghino en un reciente artículo, ó los tiernos cantos de poetas y payadores.

El cruce y la amalgama dió, pues, un producto mestizo con las más variadas condiciones físicas y morales: muchos fueron los pueblos existentes en América y diversos entre sí: muchas las especies de españoles que vinieron: los resultados de sus cruzamientos fueron los más diversos, aumentando esta diversidad el factor negro.

Con tal amalgama se formó la base étnica argentina sobre la que vendrían á influír después en formas y cantidades que hemos visto, las grandes masas de europeos de todas las naciones; cada una de ellas agregó sus caracteres físicos y sus carácteres morales y continuó la transformación étnica: mas débese recordar también que el carácter de una raza ó de un pueblo es un término muy elástico; que los pueblos se componen de individuos y que en éstos encuéntranse muchos caracteres distintos. Que sólo con reservas que siempre se tendrán presentes se puede hablar de la formación del carácter de una raza ó pueblo.

Este moldeamiento del individuo argentino, continúa todavía: á los italianos, españoles, franceses se agregaron otros factores: ingleses y alemanes, austro-húngaros y suizos; ahora, Rusia y Turquía ocupan lugar importante y su presencia origina nuevos problemas étnicos. Se consideran estos elementos inadaptables, no solubles, por así decirlo. Su influencia étnica será quizás cuestión de tiempo.