Quedaba aislado de sus compañeros, pero eso no le importaba; marcharía solo, hasta que no pudiera más, y si acaso lo vencía el dolor o la fiebre, antes de llegar a Santa Rosa, se refugiaría en la estancia de Cullen cerca de los "Cachos" o se escondería en los impenetrables sauzales del arroyo de Leyes, donde seguramente encontraría quien lo ayudara, entre el paisanaje matrero que allí merodeaba.
Llevaba el brazo firmemente vendado y sujeto por un cabestrillo al cuerpo, lo que le permitía galopar, sin grandes sufrimientos y así marchó largo rato, mecido por el andar acompasado de su buen caballo.
Los terrones menudos y flojos del camino se quebraban bajo sus cascos con un leve crujido, y reinaba un gran silencio, pues hasta los grillos nocturnos habían callado, ante el alba que llegaba.
Empezó a sufrir de sed, pero como había ya pasado el último rancho de la ciudad, siguió galopando con la esperanza de encontrar alguna vivienda a donde acudir.
Clareaba ya el día, cuando entre el monte de algarrobos y ñandubays, a la vera del camino, vió brillar el fogón de un rancho solitario.
A aquella distancia de la ciudad, era arriesgado mostrarse a nadie, pues denunciaba así el rumbo en que marchaba, pero la sed avivada por un viento tibio del norte, que empezaba a soplar, causábale una insoportable angustia, y se resolvió a pedir de beber, sin bajarse del caballo.
Al acercarse ladráronle los perros, y se asomó el dueño del rancho que tomaba mate en rueda familiar, a la luz de un candil de sebo. Sin mayores explicaciones, aquel paisano taciturno y cortés, fué por el agua que Insúa le pidió, y sobre el caballo mismo inquietado por los perros, bebió el revolucionario con ansia un agua salobre, pero fresca.
Y siguió galopando a la luz del día que despertaba ya los maravillosos rumores de la selva.
Prestaba oído a todo ruido sospechoso, deteniéndose a veces, pero no sentía más que el canto de los pájaros, más numerosos que nunca en el otoño que reinaba, y de cuando en cuando el zumbido metálico de las alas de una perdiz, que se levantaba a su paso.
El viento norte se había acentuado, y comenzaba a apretar el calor.