Don Simón tomó del brazo al Gobernador, y dieron algunos pasos. Bayo se volvió a don Serafín, el cual echó mano al reloj.
—¿Hace mucho que no ve a Cullen?
El maestro pensó un momento sin comprender.
—A don Patricio Cullen—explicó Bayo.
—¡Ah! Dos meses a lo menos, señor don Servando.
—¿Y a Montarón?
—Don Pedro Montarón estuvo ayer en mi casa—respondió con cierta vanidad el maestro.
—¿Fué de visita?—¿No le preguntó por...?
Don Simón hizo un gesto que contuvo al Gobernador en mitad de la frase. Se mordió los labios, y entonces Iriondo, poniendo la mano sobre el hombro de don Serafín, le dijo con insinuante diplomacia:
—La subvención de su escuela es de cien pesos ¿no?