II
La mala nueva

Al otro día el viento soplaba del Norte, llenando el bosque de rumores de hojas caducas. La mañana era tibia y el cielo puro aún, por lo cual Gabriela se decidió a realizar una excursión, que hacía mucho ansiaba, llegar hasta la laguna.

Esa noche se durmió tarde, después de la medrosa visión de los cuervos, y cuando se despertó supo que su madre había salido a recorrer el campo, en su cochecito de dos ruedas que manejaba ella misma.

Llamó entonces a Jesús y lo mandó que preparara el bote, para ir lejos.

Se vistió a prisa; metió en una canasta algunas provisiones, agitado ya su espíritu por la perspectiva de la aventura que significaba para ella aquel paseo, y con su escopeta al hombro, corrió al bote, cuya blanca vela se agitaba alegremente a lo largo del mástil, acariciada por el viento.

En cuanto amarró la escota, y se hinchó el trapo, "La Espuma" partió como una gaviota, navegando de costado porque el viento la tomaba de babor.

El arroyo de Leyes cambiaba bruscamente de rumbo frente a la Casa de los Cuervos, de tal manera que corría durante un buen trecho de Oeste a Este, para rectificar más adelante la curva, y llegar hasta la laguna en un cajón derecho de Norte a Sur.

Gabriela conocía bien el curso del riacho, y sabía acortar su camino, atravesando las cañadas, y seguir por los ramblones con su bote ligero y dócil al timón o al remo.