Sus montoneros a caballo, mal armados, no habrían podido resistir el empuje de las fuerzas del gobierno, que contaba, como núcleo principal de su defensa, con el histórico batallón "7 de Abril" al mando del coronel Raimundo Oroño. Pero sabían que Francisco Insúa bajaba simultáneamente a encontrarse con Cullen, al frente de los "Suizos", colonos de Helvecia, y de más al Norte aún, de la Colonia Galense, de Romang, de Alejandra, donde la causa de los revolucionarios había reclutado sus mejores tropas.

Aquellos extranjeros, tiradores de primer orden, bien armados con fusiles de precisión, valían mucho más que las revueltas montoneras que traía Cullen.

La revolución debía estallar en la ciudad, no bien se supiera que Cullen o Insúa llegaban, y hubo un momento en que su triunfo pareció seguro a los dirigentes de la conspiración, porque el gobernador Bayo, ignorante de todo, o confiado en exceso, habíase ausentado de la ciudad para asistir a las fiestas que en esos días celebraban en el pueblo de San Carlos.

Montarón con un grupo de revolucionarios se encargó de apresarlo, pero el gobernador tuvo aviso de que la muerte de Insúa que días antes le comunicaran en secreto no era verdad, y que se le había visto en Helvecia, moviendo su gente.

Esto le obligó a regresar, frustrando el plan de Montarón; y como se supiera que los revolucionarios avanzaban sobre Santa Fe, se destacó una compañía del batallón "7 de Abril", para que marchara a su encuentro, dejando el resto de la fuerza para cuidar la ciudad.

Los soldados del gobierno debían procurar unirse con la gente que desde San José del Rincón llevaba el coronel don Nazario Ocampo, fuerza de caballería de línea, muy apreciable, no por su número, sino por su calidad; y con las del coronel don Francisco Romero, que debía cruzar desde Santa Rosa con quinientos hombres, bien armados, para cortar la retirada de los revolucionarios, cuando bajasen a lo largo del Saladillo.

Ocurrió, sin embargo, que el 13 de Junio, al mediodía, el jefe de las tropas del gobierno que marchaban hacia el Norte, recibió noticias de que Insúa había llegado al paso de los "Cachos", y se preparaba a vadear el Saladillo, buscando la margen derecha, para seguir el camino a Santa Fe.

El coronel Oroño, dudando de aquella nueva, mas deseando prevenir el ataque si era verdad, destacó una compañía de veinte hombres a caballo, al mando del alférez don Pedro Viñas, para que efectuara un reconocimiento hasta el mencionado paso.

Y allí, aquel día, al caer de la tarde, se inició la sangrienta batalla de los "Cachos".

Insúa bajaba, en efecto, con su gente. La margen izquierda que a causa de las vueltas del Saladillo, quedaba al Norte, estaba anegada por un repunte del riacho en los últimos días.