—Completamente seguro—respondió Insúa—y su casa debe ser hoy el punto de cita menos sospechoso.
Montarón arrugó la nariz, con gesto de duda.
—No tanto. Ayer me crucé en la puerta con uno de los pesquisas de Jarque. Por lo que se hizo el indiferente al verme, sospecho que no dejó de notar mi presencia en el sitio. Por eso he venido hoy como un ladrón o como un enamorado, saltando las tapias, procedimiento que aconsejaría a don Patricio, si viviera más cerca.
Don Patricio sonrió; era muy grueso y lo que para aquel hombrecillo rechoncho, pero ágil, resultaba un juego, para él habría sido lo más difícil de la revolución.
—La noche es a propósito para merodeos de esta clase—observó Cullen.—Yo he podido salir sin que nadie me viera, porque en toda la calle Comercio, embarrada y tenebrosa, no se hallaría alma viviente. La luz de los relámpagos me guiaba, para no estrellarme contra las rejas salientes de las ventanas, y para cruzar sin riesgos mayores los fangales de cada esquina.
Hablaba despacio, con voz suave, insinuando más que diciendo lo que pensaba. Montarón le escuchaba con una sonrisa que podía seguir siendo un gesto de duda; Insúa, grave y triste, como oprimido por un presentimiento.
Afuera, la lluvia, más intensa que a la hora de ánimas, seguía cantando en los caños de teja, de donde caían chorros sonoros que corrían luego por los albañales a engrosar el torrente de la calle.
Un momento prestaron oído a los rumores que venían de afuera. Insúa pensó en Rosarito, dormida quizás, y comenzó luego a explicar su plan revolucionario.
Tenía listos ciento veinte hombres, acampados a esas horas en los sauzales del arroyo de Leyes; a la mañana se pondrían en marcha sobre la ciudad, según las órdenes que les había dejado, y entrarían a la oración.
Tenían dos chalanas cargadas de leña, en que llegarían al puerto, cruzando la laguna. Otros estaban ya en la ciudad, adonde habían llegado en carros de colonos, tirados por buenos caballos, que les servirían para montar, o habían entrado como peones de estancia, a buscar provisiones.