—Mi mayor confianza está en lo que hagamos en el baile—dijo Montarón, bajando la voz—Iriondo y Bayo irán; Jarque ciertamente no faltará, y como no estarán prevenidos, en cuanto suenen los primeros tiros en la plaza podremos tomarlos como en una ratonera.

Insúa no parecía participar de esa opinión.

—Eso no es pelear—objetó—eso es entrampar a los hombres, como si fueran ratones. Prefiero el ataque, lanza en ristre, al frente de mi caballería...

—Ellos son más y están mejor armados.

—Nuestros hombres no pelean por la paga, como los de ellos; y esa es una ventaja que compensa el número y la diferencia de las armas.

—Tendremos que ir contra el batallón "7 de Abril", que es de línea, capitán—observó Montarón.

—Mejor; eso enardece. Lo que desmoraliza es pelear contra flojos que se esconden o disparan.

Tras un momento de silencio, Cullen, deseando armonizar las dos opiniones, dijo acercándose a la luz:

—Las dos cosas deben hacerse. Es necesario el asalto a la policía, y al mismo tiempo la celada del baile. Una maniobra sin la otra nos llevaría al fracaso, que ha sido siempre el término de nuestras revoluciones. El capitán Insúa mandará el asalto; y nosotros, en el baile, en cuanto suenen los primeros tiros, aprovechando la sorpresa de los iriondistas, caeremos sobre ellos. Apresados Iriondo y Bayo, la tropa del gobierno se rendirá. Hay entre ellos partidarios nuestros que iniciarán el desbande.