Por fin, mientras el jefe acercaba otra silla, se animó a decirle con cierta altivez que sonó bien en sus propios oídos:

—Te advierto, Braulio, que tengo una cita con el señor Gobernador.

—¿A qué hora?

—A las ocho; y estaba haciendo tiempo...

Jarque echó una despreciativa mirada sobre el reloj que don Serafín tenía en la mano, y sentándosele al lado, le dijo con tono zumbón:

—Tu reloj atrasa, muchacho. Hace un cuarto de hora que el gobernador te esperaba; ahora, me ha encargado tu asunto, porque él atiende a otros visitantes.

Don Serafín se había puesto de pie, con el pelo encrespado por la indignación.

—¡El "Losada", señor jefe de policía, no atrasa nunca!

—Entonces está parado—le respondió Jarque, haciéndolo sentar de nuevo.