—¿Sí? Bueno; eso mismo es poco; habría que ponerle cincuenta...

—Cien me dijo ayer el señor Gobernador.

—Bueno; cuanto más mejor; ya me encargaré de recordárselo.

—Y sobre todo—insinuó dulcemente don Serafín—que me paguen los seis meses que me adeudan.

—¡Oh, por supuesto!

—¿No sería posible hoy?

El jefe sacudió la cabeza.

—¿No hay fondos, quizás? ¿y la mitad... la tercera parte... un mes siquiera?

Jarque hacía señas de que no era posible.