A popa un baqueano, conocedor de las inverosímiles revueltas del cauce, llevaba el timón. A proa un mocetón flaco y ágil, con una larga caña sondeaba la hondura, cantando rítmicamente con voz aniñada:

—¡Cuatro cuartas! ¡cuatro largas! ¡cinco escasas! ¡cuatro a la marca!

Algunas veces cruzaban un remanso y la punta de la caña no alcanzaba el fondo:

—¡No toca!—gritaba el sondeador, y todos respiraban satisfechos, porque se alejaba el peligro de una varadura contra aquellas barrancas de greda pegajosa, donde se adhería con fuerza la panza de la embarcación, obligándoles a echarse al agua, para sacarla del mal paso a fuerza de hombros.

El viento era frío y arreaba gruesas y redondas nubes desde el mar lejano, por lo cual el sol, brillando solo a ratos, no alcanzaba a secarles las ropas mojadas, y así debían seguir el viaje, tiritando.

La otra lancha se llamaba "La Avispa". En ella iba Alarcón, y navegaba sin sondear, porque él conocía perfectamente el curso del Saladillo; pero siendo menos marina, por sus perfiles pesados, era más lenta y marchaba detrás, impulsada por una velita triangular a proa y por los botadores, largas perchas que dos hombres afirmaban contra la costa o contra el fondo del río, conforme a la hondura.

En ambas lanchas, por orden de Alarcón se guardaba silencio. Solamente se oía el grito agudo del sondeador en la primera y de cuando en cuando la voz breve y ronca del indio José Golondrina que la mandaba.

Pero cuando pasaban cerca de alguna de las isletas de la costa y divisaban algún cazador de nutrias, inmóvil, en la orilla, afirmado en su largo fusil, compañero inseparable de su soledad, o en la "fija", especie de arpón terrible en su mano segura, no siempre los hombres, aburridos de la inacción, acallaban un saludo o un comentario malicioso.

Los cazadores de nutrias eran generalmente hombres enflaquecidos por la vida miserable que llevaban viviendo en los esteros, consumidos por las sabandijas, rudos y huraños, descalzos, vestidos con una camisa y una manta o un pedazo de arpillera que les rodeaba las piernas.