Et bien creed, señor conde, que cuantos facen romerías et ayunos et limosnas et oraciones o otros bienes cualesquier por que Dios les dé o los guarde o los acresciente en la salud de los cuerpos o en la honra o en los bienes temporales, yo non digo que facen mal, mas digo, que si todas estas cosas ficiesen por haber perdón de todos sus pecados o por haber la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones sin hipocrisía et sin infinta, que seríe muy mejor, et sin dubda habríen perdón de sus pecados et habríen la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones; ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el corazón quebrantado et homillado et la entención buena et derecha.

Et por ende, luego que por la merced de Dios el rey se arrepintió de su pecado et Dios vió el su grand repentimiento et la su buena entención, perdonol luego. Et porque la voluntad de Dios es tamaña que non se puede medir, non tan solamente perdonó todos sus pecados al rey tan pecador, mas ante le tornó su regno et su honra más complidamente que nunca lo hobiera, et fízolo por esta manera:

El angel que estaba en logar de aquel rey et tenía la su figura llamó un su portero et díjol:

—Dícenme que anda aquí un homne loco que dice que fué rey de aquesta tierra, et dice otras muchas buenas locuras; que te vala Dios ¿qué omne es o qué cosas dice?

Et acaesció así por aventura que el portero era aquel que firiera al rey el día que se desnudó cuando salió del baño. Et pues el angel, quel cuidaba ser el rey, gelo preguntaba todo lo quel contesciera con aquel loco, et contol como andaban las gentes riendo et trebejando con él, oyendo las locuras que dicíe. Et desque esto dijo el portero al rey, mandol que fuese llamar et gelo trojiese. Et desque el rey que andaba por loco vino ante el angel que estaba en lugar de rey apartose con él et díjol:

—Amigo, a mi dicen: que vos que decides que sodes rey desta tierra, et que la perdiestes, non sé por cual mala ventura et por qué ocasión. Ruégovos por la fe que debedes a Dios que me digades todo como cuidades que es, et que non me encubrades ninguna cosa, et yo vos prometo a buena fe que nunca desto vos venga daño.

Cuando el coitado del rey que andaba por loco et tan mal andante oyó decir aquellas cosas a aquel que cuidaba que era rey, non sopo que responder, ca de una parte hobo miedo que gelo preguntaba por lo sosacar, et si le dijiese que era rey quel mataría et le faría más mal andante de cuanto era, et por ende comenzó a llorar muy fieramente et díjole como homne que estaba muy coitado:

—Señor, yo non sé lo que vos responder a esto que me decides, pero porque entiendo que me sería ya tan buena la muerte como la vida,—et sabe Dios que non tengo mientes por cosa de bien nin de honra en este mundo,—non vos quiero encobrir ninguna cosa de como lo cuido en mi corazón. Dígovos, señor, que yo veo que so loco, et todas las gentes me tienen por tal, et tales obras me facen que yo por tal manera ando grand tiempo ha en esta tierra. Et como quier que alguno errase, non podría seer si yo loco non fuese, que todas las gentes, buenos et malos, grandes et pequeños, et de grand entendimiento et de pequeño, todos me toviesen por loco; pero, como quier que yo esto veo et entiendo que es asi, ciertamente la mi entención et la mi creencia es, que yo fuí rey desta tierra et que perdí el regno et la gracia de Dios con grand derecho por mis pecados, et, señaladamente, por la grand soberbia et grand orgullo que en mi había.

Et entonce contó con muy grand cuita et con muchas lágrimas todo quel contesciera, tan bien del vieso que ficiera mudar, como los otros pecados. Et pues el angel, que Dios enviara tomar la su figura et estaba por rey, entendió que se dolía más de los yerros en que cayera que del regno et de la honra que había perdido, díjol por mandado de Dios:

—Amigo, dígovos que decides en todo muy grand verdat, que vos fuestes rey desta tierra. Et Nuestro Señor Dios tiróvoslo por estas razones mismas que vos decides, et envió a mi que so su angel que tomase vuestra figura et estudiese en vuestro lugar. Et porque la piadat de Dios es tan complida, et non quiere del pecador sinón que se arrepienta verdaderamente, este prodigio verdaderamente amostró dos cosas para seer el repentimiento verdadero: la una es, que se arrepienta para nunca tornar a aquel pecado; et la otra, que sea el repentimiento sin infinta. Et porque el Nuestro Señor Dios entendió que el vuestro repentimiento es tal, havos perdonado et mandó a mi que vos tornase en vuestra figura et vos dejase vuestro regno. Et ruégovos, et conséjovos yo que entre todos los pecados vos guardedes del pecado de la soberbia, ca sabet que de los pecados en que segund natura los homes caen que es el que Dios más aborrece, ca es verdaderamente contra Dios et contra el su poder, et siempre es muy aparejado para facer perder el alma. Seed cierto que nunca fué tierra, nin linaje, nin estado, nin persona en que este pecado regnase, que non fuese desfecho o muy mal derribado.