—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque vos fagades en esto lo que me semeja que es vuestra pro, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un homne con otro quel convidó a comer.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un homne bueno era que había seido muy rico et era llegado a muy grand pobreza, et fasíasele muy grand vergüenza de demandar nin envergoñarse a ninguno por lo que había de comer; et por esta razón, sufría muchas veces muy grand fambre et muy grand laseria. Et un día, yendo él muy cuitado, porque non podía haber ninguna cosa que comiese, pasó por una casa de un su conosciente que estaba comiendo: et cuando le vió pasar por la puerta preguntol muy flojamente si quería comer; et él, por el grant mester que había, comenzó a lavar las manos et dijol:
—En buena te, don Fulano, pues tanto me conjuraste et me afincastes que comiese convusco, non me paresce que faría aguisado en contradecir tanto vuestra voluntad nin facervos quebrantar vuestra jura.
Et asentóse a comer, et perdió aquella fambre et aquella queja en que estaba. En dende adelante, acorriol Dios, et diol manera como salió de aquella laceria tan grande.
Et vos, señor conde Lucanor, pues entendedes que aquello que aquel homne vos ruega es grand vuestra pro, dalde a entender que lo facedes por complir su ruego, et non paredes mientes a cuanto flojamente vos lo él ruega et non esperedes a que vos afinque más por ello, sinón por aventura non vos fablará en ello más, et servos hía más vergüenza si vos lo hobiésedes a rogar lo que él ruega a vos.
E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
En lo que tu pro pudieres fallar,
Nunca te fagas mucho por rogar[23].