También hizo versos D. Juan Manuel: un libro de Cantares, que se ha perdido, y los que pone al fin de cada ejemplo en el Conde Lucanor, no muy sonoros y numerosos; pero, como advierte Doña María Goyri, «Don Juan no medía los versos, contaba las sílabas, admitiendo siempre el hiato, y únicamente se permitía apocopar algún verbo o elidir algún pronombre».

La sobriedad, el poner las cosas «en las menos palabras que puedan ser» fué su preocupación, como observa D. Ramón Menéndez Pidal.

Lo que más encanta en su estilo es la ingenuidad, nunca candorosa; siempre hay en él unos adarmes de malicia amable, y en muchos cuentos un fondo de humorismo raras veces amargo; se ve siempre al gran señor superior a su tiempo, y para quien las cosas de este mundo no guardan secretos, que con mirada serena, un tanto escéptica, analiza las acciones de los hombres y adoctrina sin empacho de moral acerca del camino que en la vida se ha de seguir; y todo esto con una expresión limpia de groserías y complacencias de bajos gustos; con justeza anota Menéndez y Pelayo que «para no escribir en el siglo XIV como Boccacio o como el Arcipreste de Hita, se necesitaba una exquisita delicadeza de alma, una repugnancia instintiva a todo lo feo y villano, que es condición estética, a la par que ética, de espíritus valientes».

En el Conde Lucanor—dice Azorín—«todo es sencillo, limpio y claro», Don Juan Manuel «lo escribe atentamente con el gesto sereno del Erasmo retratado por Holbein». «Cuando acaba de escribir uno de sus capítulos, se levanta, da unos paseos por la estancia, contempla sus libros, echa un vistazo por la ventana al paisaje. Desde la ventana se descubre el severo y noble campo de Castilla; una serranía azulina con cimas blancas cierra el horizonte; hasta la línea azul se extiende una campiña suavemente ondulada por los oteros y recuestos.»

F. J. Sánchez Cantón.

BIBLIOGRAFÍA

Del Conde Lucanor se conservan cinco códices, ninguno contemporáneo; el único completo es el 6376 (ant. S-34) de la Biblioteca Nacional; consta de las cuatro partes (cinco, como ha probado Doña María Goyri).

La edición princeps fué publicada por Argote de Molina en 1575 en Sevilla. Reproducciones de ella son: las de Madrid, 1642, Stuttgart, 1839, y Barcelona, 1853, con prólogo de Milá y Fontanals; en estas cuatro ediciones sólo se publicó la primera parte.

En la Biblioteca de Autores Españoles, t. LI, por Gayangos, se publicó ya el texto completo, dividido en cuatro partes. Texto que se reprodujo en dos bellos tomitos por Krapf en Vigo en 1898. Otra imprimió en 1900.

En 1900, Adolf Birch-Hirschfeld publicó las notas y texto (del S-34 con variantes) que Knust preparaba para publicar una edición crítica, que murió sin terminar; de esto dependen los defectos de que adolece la publicación, que, sin embargo, es la única hasta ahora utilizable; al fin van eruditas ilustraciones sobre el origen y descendencia de los cuentos; de ellas hemos entresacado algunas notas.