Et comenzó a decir al cuñado et a cuantos y estaban:

—Por Dios, cuñado, pésame mucho desto que decides, et sabe Dios, que quisiera que con mayor seso et con mayor pro vos viniésedes agora de casa del rey do tanto habedes morado; ca bien veedes vos que muy grand mengua de entendimiento et de vista es tener que las yeguas, son vacas.

Et comenzol a mostrar tan bien por las colores, como por las faciones, como por otras cosas muchas, que eran yeguas, et non vacas, et que era verdat lo que don Alvarhanez dicía, e que en ninguna manera el entendimiento et la palabra de don Alvarhanez que nunca podría errar. Et tanto le afirmó esto, que ya el cuñado et todos los otros comenzaron a dubdar que ellos erraban, et que don Alvarhanez dicía verdat, que las que ellos tenían por vacas, que eran yeguas. Et de que esto fué fecho, fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et fallaron una grand pieza de yeguas.

Et don Alvarhanez, dijo a su sobrino:

—¡Aha, sobrino! Estas son las vacas, que non las que nos dicíades ante, que dicía yo que eran yeguas.

E cuando el sobrino esto oyó dijo a su tío:

—Por Dios, don Alvarhanez, si vos verdat decides el diablo me trajo a mi a esta tierra; ca ciertamente, si estas son vacas perdido he yo el entendimiento, ca en toda guisa del mundo estas son yeguas et non vacas.

E don Alvarhanez comenzó a porfiar muy fieramente que eran vacas. Et tanto duró esta porfía fasta que llegó doña Vascuñana. Et desque ella llegó et le contaron lo que dicía don Alvarhanez et dicía su sobrino; maguer a ella parescía que el sobrino dicía verdat, non pudo creer por ninguna guisa que don Alvarhanez pudiese errar, nin que pudiese seer verdat al sinón lo que él dicía. Et comenzó a catar razones para probar que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et tantas razones et tan buenas dijo, que su cuñado et todos los otros, tuvieron que el su entendimiento et la su vista erraba; mas lo que don Alvarhanez dicía, que era verdat. Et aquesto fincó así.

Et fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et andudieron tanto, fasta que llegaron a un río en que había pieza de molinos. Et dando del agua a las bestias en el río, comenzó a decir don Alvarhanez que aquel río, que corría contra la parte onde nascía, et aquellos molinos, que del otra parte les vinía el agua.

Et el sobrino de don Alvarhanez se tovo por perdido cuando esto le oyó; ca tovo, que así como errara en el conoscimiento de las vacas et de las yeguas, que así erraba agora en cuidar que aquel río vinía al revés de como dicía don Alvarhanez. Pero porfiaron tanto sobresto fasta que doña Vascuñana llegó.