Et desquel dijieron esta porfía en que estaba don Alvarhanez et su sobrino, pero aun que a ella parescía que el sobrino dicía verdat, non creó al su entendimiento et tovo que era verdat lo que don Alvarhanez dicía. Et por tantas maneras sopo ayudar a la su razón, que su cuñado et cuantos lo oyeron, creyeron todos que aquella era la verdat.
Et daquel día acá, fincó por fazaña, que si el marido dice que corre el río contra arriba, que la buena mujer lo debe creer et debe decir que es verdat.
Et desque el sobrino de don Alvarhanez vió que por todas estas razones que doña Vascuñana dicía, se probaba que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et que erraba él en no conoscer las cosas así como eran, tóvose por muy maltrecho, cuidando que había perdido el entendimiento.
Et de que andudieron así una grand pieza por el camino, et don Alvarhanez vió que su sobrino iba muy triste et en grant cuidado, díjole así:
—Sobrino, agora vos he dado la respuesta a lo que en el otro día me dijiestes que me daban las gentes por grand tacha porque tanto facía por doña Vascuñana, mi mujer; ca bien creed, que todo esto que vos et yo habemos pasado hoy, todo lo fice porque entendiésedes quien es ella, et que lo que yo por ella fago, que lo fago con razón; ca bien creed, que entendía yo, que las primeras vacas que nos fallamos et que dicía yo que eran yeguas, que vacas eran así como vos dicíades. Et desque doña Vascuñana llegó et vos oyó que yo dicía que eran yeguas, bien cierto so, que entendía que vos diciádes verdat: mas, porque fiaba ella tanto en el mío entendimiento, que tien que por cosa del mundo non podría errar, tovo que vos et ella errábades en non lo conoscer como era. Et por ende dijo tantas razones et tan buenas, que fizo entender a vos et a cuantos allí estaban, que lo que yo dicía era verdat; et eso mismo fizo despues en lo de las yeguas et del río. Et bien vos digo en verdat que del día que comigo casó, que nunca un día le vi facer nin decir cosa en que yo pudiese entender que quería nin tomaba placer, sinón en aquello que yo quis; nin le vi tomar enojo de ninguna cosa que yo ficiese. Et siempre tiene verdaderamente en su talante, que cualquier cosa que yo faga, que aquello es lo mejor; et lo que ella ha de facer de suyo o le yo acomiendo que faga, sábelo muy bien facer, et siempre lo face guardando toda mi honra et mi pro et queriendo que entiendan las gentes que yo so el señor, et que la mi voluntad et la mi honra se cumpla; et non quiere para si otra pro, nin otra fama de todo el fecho, sinón que sepan que es mi pro, et tome yo placer en ello. Et tengo que, si un moro de allende el mar esto ficiese, quel debía yo mucho amar et presciar et facer mucho por él su consejo, et demás seyendo yo casado con ella et seyendo ella tal et de tal linaje de que me tengo por muy bien casado. Et agora, sobrino, vos he dado respuesta a la tacha que el otro día me dijiestes que había.
E cuando el sobrino de don Alvarhanez oyó estas razones, plogol ende mucho, et entendió, que pues doña Vascuñana tal era et había tal entendimiento et tal entención, que facía muy grand derecho don Alvarhanez de la amar et fiar en ella et facer por ella cuanto facía et aun muy más, si más ficiese.
Et asi fueron muy contrarios, la mujer del Emperador et la mujer de don Alvarhanez.
Et señor conde Lucanor, si vuestros hermanos son tan desvariados, que el uno face todo cuanto su mujer quiere et el otro todo lo contrario, por aventura; esto es, que sus mujeres facen tal vida con ellos como facía la Emperatriz et doña Vascuñana. Et si ellas tales son, non debedes maravillaros nin poner culpa a vuestros hermanos; mas si ellas non son tan buenas nin tan revesadas como estas dos de que vos he fablado, sin dubda, vuestros hermanos non podrían seer sin grand culpa; ca como quier que aquel vuestro hermano que face mucho por su mujer, face bien, entendet, que este bien, que se debe facer con razón et non más; ca si el homne por haber grand amor a su mujer quiere estar con ella tanto porque deje de ir a los lugares o a los fechos en que puede facer su pro et su honra, face muy grand yerro; nin si por le facer placer nin complir su talante deja nada de lo que pertenesce a su estado, nin a su honra, face muy desaguisado; mas guardando estas cosas, todo buen talante et toda fianza que el marido pueda mostrar a su mujer, todo le es facedero et todo lo debe facer et le pertenece muy bien que lo faga. Et otrosí, debe mucho guardar que por lo que a él mucho non cumple, nin le face grand mengua, que non le faga pesar nin enojo e señaladamente en ninguna cosa en que haya pecado, ca desto vienen muchos daños: lo uno el pecado e la maldad que homne fase, et lo al, que por faserle enmienda o faserle plaser porque pierda aquel enojo habrá de faser cosas que tornaran en daño de la facienda e de la fama. Pero el que por su fuerte ventura tal mujer toviere como la del Emperador, pues que al principio non sopo o non quiso poner en ello consejo, non hay al sinón pasar por su ventura como Dios gelo quisiere endereszar; pero sabed, que para lo uno et para lo al cumple mucho que al primero día que el homne casare dé a entender a su mujer que él es el señor, e le faga entender la vida que han de pasar en uno.
E vos, señor conde, al mi cuidar parando mientes en estas tales cosas, podredes bien aconsejar a vuestros hermanos en cual manera han de pasar con sus mujeres.
E al conde plogo mucho destas cosas que Patronio le dijo, et tovo que le desía verdat e muy buen seso.