Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.

Y eran al propio tiempo curanderas.

Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, como Bugan, Buhas, Dalingay, Daungen, Baingan, Libongan, Libugon, Limoan y otras.

Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestas mangkukulam y asuang (mujeres endemoniadas.)

Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.

Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailian ó kabalangay); 3.a libertos ó timaua (algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros ó aliping namamahay; y 5.a esclavos ó aliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.

A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban los timaoas y era el plantel de los aris (régulos) y de sús ancianos consejeros.

Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.

El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.

Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.