El mirar la mujer de los principales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.
Ésta era más benigna para las mujeres. Los tomatabanes de los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.
Las mujeres tumarampoke y halon (clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.
Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.
«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»[5]
Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.
En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.
La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donaciones propter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.
Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donaciones propter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fué el que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.
Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.