Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor medio tae[6] de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujer principal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.
En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.
En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.
Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.
Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertos árboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.
Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.
Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamados kalombigas aprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.
Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de las principales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.