LA INSTRUCCIÓN DE LA FILIPINA POR LOS ESPAÑOLES.
Tal era el estado en que los españoles encontraron á la mujer filipina.
Los misioneros eran los encargados de educar al pueblo filipino y naturalmente empezaron por catequizarle y por inculcar las nuevas doctrinas del Crucificado, y como las creencias no se mudan cual un traje, hubieron los apóstoles del Cristianismo que tardar años y siglos para desterrar todos los restos de la Mitología malaya, que aun se conserva en toda su pureza entre los monteses, y ahora quedan aun reliquias de aquella en el ánimo de los más devotos filipinos. Y si no, ¿qué son esas supersticiones, que no se comprenden bien en algunos que alardean de muy devotos de Jesucristo?
Si; tardaron siglos los ministros de doctrina, y habrian tardado más, si no hubieran sabido aprovechar la superioridad moral de las mujeres sobre los hombres. Y así como los Sonats y Bayok (especie de Prelados) de los antiguos filipinos, preferían á las mujeres, como ayudantes para predicar el culto de Bathala y de los Anitos, asi los misioneros las escogieron para renovar la Religión antigua de Filipinas.
Sólo á principios de este siglo se regularizaron los seminarios de sacerdotes indígenas.
Mientras ya en 1594 la Hermandad de la Misericordia estableció un colegio, en que encontraban amparo y educación las huérfanas de padres españoles; y en 1684 el Beaterio de la Compañía se inauguró para el recogimiento de las devotas indígenas y la educación cristiana de las niñas; Sta. Catalina, beaterio desde 1696, se convirtió en colegio de niñas en 1732. En 1719, el Beaterio de San Sebastián, que es al mismo tiempo establecimiento de enseñanza para las niñas. En 1810 se inauguró el Hospicio de San José y volvió á abrirse en 1828; en este colegio se enseñan también niñas. En 16 de Marzo de 1864 se encargaron de la Escuela Municipal las Hermanas de la Caridad, que fueron las que esmeraron y ampliaron la educación de la mujer filipina. En 18 de Setiembre del mismo año se encargaron del colegio de Sta. Isabel, en el que se refundió el antiguo de Sta. Potenciana; en Enero de 1866, del colegio de Sta. Rosa; en Abril de 1868, del colegio de Sta. Isabel de Nueva-Cáceres, en Mayo del mismo año inauguraron dichas Hermanas el colegio de la Concordia, en Abril de 1872 se fundó el colegio de San José de Jaro; y en 27 de Julio de 1885 la casa de San Vicente de Paul en Dilao (Manila). Y en estos años se van multiplicando las maestras y los colegios particulares de niñas, y estas serán las que difundirán en Filipinas la ilustración y el progreso.
Pero lástima que se enseñen entre conocimientos buenos, otros no muy necesarios en detrimento de los más precisos.
Desde el principio de la Conquista, la mujer filipina no aprendió más que las doctrinas cristianas y admira su mucha instrucción en esta materia. Solo las Hermanas de la Caridad ampliaron la reducida esfera de sus conocimientos en 1864, y más tarde, en 1866 á 83, las Religiosas dominicas, encargadas de la dirección del Colegio de Sta. Catalina, siguieron las mejoras introducidas por aquellas.
Hé aquí las asignaturas que se enseñan en los colegios filipinos de niñas.
Clase ínfima: Lectura con letras movibles y cartillas, principios de escritura, nociones de doctrina cristiana; de Historia sagrada; de Aritmética con el tablero contador ó bolario, de Gramática y Analogía por letras movibles, y Urbanidad práctica.—Labores: hacer media, principios de crochet, puntos de tapicería, dobladillos y principios de costuras; unión de idem por un calado.