Hé aquí la forma de las poesías filipinas.
Digamos otras dos palabras de su fondo.
Está demás desmentir al poeta que ha aseverado que ni los indígenas de Filipinas saben amar, ni sus pájaros trinan, ni sus flores perfuman. En Ilocos, por ejemplo, no se cometen homicidios sino por celos, y ya se sabe que los celos son efecto del amor.
Los filipinos, aún los monteses, poseen una fantasía ardiente como nuestro cielo, y fecunda en imágenes.
Sus pensamientos y símiles son expresivos, muchos revelan salvajismo, y son curiosos precisamente por su valentía salvaje; pero se resienten de la falta de arte que los coordine y pulimente á fin de que surtieran efecto de gusto literario ó acaso mejor dicho europeo; porque hay varios gustos en este punto y es de saber que aún con su desorden y falta de arte, las poesías filipinas nos gustan á nosotros los filipinos. Blumentritt escribe: «la poesía demuestra particularidades especiales porque es acto del temperamento.»
Muchos pensamientos se expresan con altisonante romanticismo y muchos símiles se emplean con impropiedad, como decir por ejemplo: Sol resplandeciente, embriágame de dulce aroma.
Hé ahí los caracteres generales de la Poética filipina. Ahora, para comprender bien sus múltiples particularidades, es preciso estudiar y analizar los mismos modelos.
Los que á continuación damos, pertenecen á la difunta Doña Leona Florentino, muy conocida poetisa en toda la comarca ilocana, á pesar de no haber publicado en periódicos ninguna de sus composiciones.
Ella no había estudiado en ningun colegio y aprendió el castellano con un maestro indígena privado. Sus poesías ofrecen interés, porque son naturales, originales de ella, no moldeadas en el estilo europeo, sino en todo caso en los indigestos y anti-estéticos libretos de comedias ilocanas que abundan en su país; son genuinamente del estilo filipino las poesías de dicha señora, á quien repugnaba plagiar, hablando con desden de los plagiarios.
Su facilidad en escribir era poco comun, y en cartas, á veces dictaba á tres amanuenses; escribiendo ella además otra carta. Y era aficionada á escribir y leer libros en ilocano.