«Ahora, aunque tengais dos cuerpos, sois como uno sólo en la práctica de la vida; tal es vuestra obligación de amaros y estimaros mutuamente.

«La cadena que eslabona vuestros corazones, jamás se romperá hasta vuestra muerte, y si cumplís vuestra promesa de amaros, tendreis una vida sólo comparable, á las brillantes rosas.

«Por lo tanto, el objeto de alegría para uno, lo será para vosotros dos, y así tambien en los tormentos; desechad las desconfianzas y sospechas que perturban la buena armonía de los esposos.

«Esa, Severino, recibe el más estimable bien con que Dios te pudiera favorecer; guárdalo como si fuese valiosísima flor, y el fondo de tu corazón sea la concha que la oculte.

«Esa es aquella flor llena de lozanía y hermosura singular, que viste en el amoroso regazo de una madre, que la cuidaba con solicitud y estimación.

«Aunque fuese muy doloroso para ella privarse de su hija, se obligó á entregártela para que tu la cuides como la había criado.

«Para que no se marchite su lozanía, no separes un momento de ella tu amor y tu estimación, que serán el rocío que la fecunde y dé nueva lozanía.

«Tus amorosos cuidados serán el bálsamo que cierre la herida que ha recibido al separarse de aquellas manos que la habían acariciado.

«Y tu, mi adorada Vicenta, demuestra el valor y la pureza de tu amor hácia el esposo á quien has escogido, al entregar tus manos y tu corazón.

«En todas tus acciones, pués, has de demostrar tus deseos de servirle; inquiere lo que más le agradece y hazlo, aunque no te lo diga.