VI.
EL «PUGÓT.»
Los ilocanos temen al Pugót que toma diversas formas; unas veces la de un gato con ojos de fuego, que creciendo, se metamorfosea en perro siniestro y aumentando más y más su bulto, se transforma en un gigante negro de horripilantes dimensiones. Figúrese el lector que sentado en el alfeizar de la ventana de una casa de 18 metros de altura, sus piés tocan en el suelo y dice el vulgo que el Pugót gasta cigarros de grandísimo tamaño.
Los naturales de Vigan aseguran que allá por los años 1865 á 67 cayó una lluvia de piedra sobre una casa durante algunas noches y como se atribuyera á incógnitos pillastres, se rodeó la casa y sus alrededores de agentes de policía, cuya presencia no impidió la continuación de la tirada de piedras y lo más curioso era que, según se dice, no dañaban las piedras á quien tocaban, á pesar de que al parecer eran tiradas con fuerza.
Según la versión ilocana, el Pugót (algunos españoles lo llaman cafre) se alberga en las habitaciones desocupadas, en las casas en construcción ó en las ruinas de un antiguo edificio. Por esto opino que el Pugót es uno de los anitos caseros de la antigüedad.
VII.
OTROS SERES Y OBJETOS VENERADOS.
Los ilocanos temen mucho á una ave fabulosa, invisible llamada kumao, que según el vulgo, roba cosas y personas.
—El ilocano detiene sus pasos, cuando encuentra una culebra ó estornuda, como los tinguianes.