—Eso es, ¡el premio gordo! la recompensa, el digno coronamiento de mis esfuerzos por reconstruir la escasa fortuna de mi padre, arruinado con ese cargo y el de gobernadorcillo.

—Y ¿qué te ha dicho el pedáneo?

—Que ya soy cabeza, por obra y gracia de él y de algunos principales, y que me conviene más aceptar el cargo, para ver de cobrar algo, y no venir á abonar todo; pero no me inspira confianza: yo sé que todas las cabecerías vacantes corren á su cargo y es muy natural que busque medios para endosarlas á otros.

—Es verdad: ¡pobre gobernadorcillo! y ¿todavía Vd. y otros que tienen dinero se excusan de ayudarle en algo, á pesar de desvivirse él por conservar el órden público, por arreglar las calles, en fin, por gobernarnos? Pues con todo eso, con tener que desembolsar no despreciable cantidad de dinero por atender á los gastos ocasionados por el cargo, varias cabezas de barangay, cumplido el plazo reglamentario, renuncian á sus cargos y el pobre gobernadorcillo aumenta á sus cargas las de estas cabacerías, abonando considerable cantidad de dinero. Nada, Isio; tenga V. compasión del pobre gobernadorcillo ayudémosle y sirvamos como buenos ciudadanos al Estado, á la sociedad á que pertenecemos; son cosas de la vida, obligaciones innatas de los que tengan más; y luego, cuando no prestamos nuestra ayuda al pedáneo, y éste desmaya, vendremos pidiendo buenos caminos y otras exigencias.

—Eh, amigo; me parece que es V. partidario del gobernadorcillo y acaso uno de los que firmaron la sentencia de muerte de mis bienes, cuando precisamente yo venía á consultarle sobre la manera de ó aceptar la cabecería, pero con las cuentas bien arregladas, ó rechazarla.

—Ambas cosas son imposibles, amigo mío; y haría bien en no perder tiempo, aceptando las cédulas. Y vaya el consejo que le puedo dar: si es listo, digo, si V. es poco escrupuloso, poco ó nada perderá con la cabecería.

—¿Y cómo?

—No, no he dicho nada; no será V. capaz …

—¿De qué? El caso es salvar mi fortuna con tanto sudor adquirida.

—Pues por ahí anda gente de mal vivir que necesita proveerse de varias cédulas, para burlarse de la policía:… no se ha de comprometer Vd., puesto que se las ha de dar en blanco sin firma.