—A tanto no me atrevo.
—Pues procure colocar las cédulas entre sus amigos y parientes.
—¿Pero si no figuran en mi padrón …?
—No importa: eso no se averigua, basta que ellos presenten sus cédulas cuando se las exijan, sin meterse nadie á averiguar si el cabeza que la autoriza, pertenece al mismo barangay.
—¿Y el pobre cabeza que debiera cobrarles?
—Pues quedará haciendo cruces sobre su boca abierta, si es tan tonto que no hace lo mismo con otros.
—¡Umf! La cosa no está libre de contingencias.
—¡Claro! todo negocio tiene sus quiebras.
—Entonces no lo he de ejecutar.
—Pues otra quiebra mayor le ha de alcanzar: entrará en la cárcel por desfalcado, cargará angarillas, perderá sus bienes, que se malvenderán en pública subasta, y todo por sus excesivos escrúpulos.