El pueblo ofrecía inusitada animación, las calles se veían adornadas con colgaduras ó colgajos, banderolas y pañuelos.
Era el día de tomar posesión el electo gobernadorcillo, el bastante jóven Isio.
Al fin, la música anunció la llegada de la comitiva; rompía la marcha una banda de música vestida de gala; seguían dos filas de alguaciles y tenientes, llevando luengas varas encarnadas y verdes, respectivamente, y cortaba las dos líneas paralelas otra más corta, la de los primeros jefes locales, ó sean el gobernadorcillo Isio, á la derecha el teniente mayor y á la izquierda el teniente segundo. Después seguía la principalía compuesta de ex-gobernadorcillos y cabezas de Barangay, con los nuevos jueces de sementera, de ganados, y de policía.
Isio iba muy formalote y como tímida doncella, contrastando con esta figura la del viejo ex-gobernadorcillo, que iba detrás del primero, tan alegre; tan decidor, y tan lleno de sí mismo.
Todo era alegría para Isio, si bien fué algo interrumpida aquella con haberse propasado momentáneamente con él, uno de quien no le era dado vengarse.
Todo era júbilo. ¡Oh! Más aún, cuando Isio sentado en un deslumbrador sillon, con el baston de mando en la mano, presidiendo nada menos que la principalía del pueblo que le vió nacer, á la faz de todos los kailianes (vecinos) leyendo el alguacil mayor su indispensable programa gubernamental, en que se mandaba en primer lugar oir misa los días de guardar y cumplir con todos los deberes que la sacrosanta Religión Cristiana nos impone; se amenaza á los jugadores, borrachos y ladrones, á quienes habría que castigarse con mano de hierro, etc., etc.
VIII
El tiempo vuela.
Isio lleva sólo un mes de mando y casi está ya cansado con ir y venir del Gobierno de la provincia y de otras casas, donde habitan sus superiores, que son la Administración de H. P., la Guardia civil, etc.; ¿pero qué son esos cansancios ante el prurito de ir á oir misa, con la música delante, atrayendo la vista y las simpatías de las babbalasang (solteras) del pueblo?