El tiempo sigue volando.
Isio ya está cansado de tanto ruido, á juzgar porque ya piensa en renunciar el cargo.
Pero el viejo mentor de él, le dijo en tono solemne:
—Si ahora desmaya V., es mejor que se ahorque, y si le falta cuerda para ello, acuérdese de las borlas de su baston. ¡Animo para todo, y mucha prudencia!
—Bueno, me ahorcaré,—le solía contestar el inocente Isio—no tengo valor para tanto sufrir.
—Es ley natural del inferior con el superior. Hágalo lo mismo con los otros.
¡Y volaba el tiempo!
Habían pasado seis meses.