—Pues, conformarse con su mala suerte.
—No, no puedo ir á la cárcel, después de los muchos sacrificios que hice, para ejercer lo mejor posible este cargo.
—Es el caso que V. no tenía derecho para desquitarse en sus inferiores, y la ley es inflexible.
—¡Inflexible!—exclamó Isio—y después de larga pausa murmuró:—Es verdad; pero he venido aquí para que V. me enseñe la manera de parar sus golpes.
—No veo ninguna.
—¿Ninguna? Ahí tengo una casa bastante bonita, poseo algún dinero, ¿todo esto no pueden hacer algo en mi favor?
—¡Nada!
—¿Cómo nada? Me parece V. como niño recien nacido.
—Nada, repito, porque tiene muchos enemigos que hacen imposible lo que indica.
Entonces Isio exclamó, levantando la vista: